Mujeres en el Río de la Plata

por Juan Carlos Chetti

(Imagen: “Damas Patricias constituidas en sociedad patriótica en casa de Escalada, para iniciar una subscripción entre ellas destinada a la compra de fusiles”. Óleo sobre tela. Autor: José Gerompini (MHN)

Cuando oímos hablar sobre la Revolución de Mayo y la guerra de independencia inmediatamente se nos viene a la mente figuras como la de San Martín o Belgrano. Asimismo, escuchamos palabras como próceres, héroes, soldados, mártires etc. y diversos calificativos masculinos, pero… ¿Qué ocurrió con las mujeres? ¿Acaso sabían lo que estaba pasando en Buenos Aires y participaron activamente en estos procesos? De ser así, ¿Cómo lo hicieron? ¿O tal vez ellas fueron dejadas de lado por su condición femenina? Además, ¿Qué papel desempeñaron en la revolución y guerra de independencia? y ¿Qué transformaciones produjo la revolución y la guerra de independencia en el ámbito femenino?

En este articulo trataremos de responder estos interrogantes y ampliar la mirada sobre estos sujetos históricos.

La Sociedad Colonial en el Rio de la Plata

La sociedad urbana colonial era muy heterogénea. En América esta heterogeneidad se combinó con una división legal de las dos “repúblicas”, es decir de las dos sociedades existentes, la de los españoles e indios, y con muchas diferencias basadas en el mestizaje. Se consideraba mestizo a las mezclas de españoles o de blancos con indios y negros. Aquí lo que se buscaba era ordenar una sociedad en la que se iba formando una jerarquía étnica con una fuerte discriminación de tipo económica.

(Imagen: Pintura de Carlos Moreno (1999-2000), que ilustra la vida cotidiana de la mujer en la sociedad colonial).

Por otra parte, en las ciudades se encontraba la presencia de un grupo social que controlaba el poder: la elite. La elite era el grupo de poder o grupo dominante que tenía poder sobre los indígenas, las tierras, las producciones y generalmente se dedicaban al comercio. Finalmente, la ciudad colonial se encontraba atravesada por el campo de modo que las costumbres de todos los sectores urbanos se encontraban marcadas por ese trato con el mundo rural (animales que deambulaban por las calles, huertos, chacras, etc.) donde podemos encontrar a las familias de campesinos destinados a explotar la tierra para subsistir.

En síntesis, la organización de la ciudad colonial se encontraba marcada por diferentes estratos sociales cuyo indicador de estatus era la pertenencia a grupos étnicos. Así los peninsulares ocupaban la mayor jerarquía social y formaban el grupo de las elites. Les siguen los/as mestizos/as. Luego seguían en el orden los/as indígenas y los (esclavos) africanos se ubicaban en el último eslabón. Después de lo expuesto, el interrogante inmediato que aparece es: en esta sociedad, ¿Qué lugar ocupaba la mujer?

La(s) mujer(es) en la sociedad colonial rioplatense

En el mundo del siglo XIX no había lugar para la actuación política femenina. El lugar de la mujer era el mundo privado, la casa, los hijos y por el contrario el espacio de los hombres era la vida pública, la política. Esto era así ya que las mujeres eran una pieza clave para la reproducción del estrato colonial superior, es decir eran utilizadas para la reproducción de la elite y por lo tanto estaban destinadas a la reproducción biológica y con ello a la del propio sistema de poder. Para las mujeres de la elite la maternidad era considerada como un mandato social, cultural e ideológico y por lo tanto una obligación antes que un deseo, cuyo fin era la obediencia de estas al mandato de los hombres.

La base de esa subordinación era la institución familiar donde su emergente era el matrimonio. En este contexto patriarcal, el matrimonio era considerado como el “rito de pasaje” mediante el cual una mujer pasaba de la tutela de sus padres a la del marido. Por eso, los padres y/o esposos eran quienes decidían y hablaban en nombre de su hija o esposa; en ausencia de estos el hermano era quien debía responder. Además, el matrimonio poco tenía que ver con la unión de dos personas que se amaban. Más bien, los contrayentes muy poco se conocían y por lo tanto no había lugar para el romance. El matrimonio era concebido como una alianza entre familias para garantizar la unión de fortunas y acuerdos comerciales.

Finalmente, el estereotipo femenino, es decir la imagen que se tenía de la mujer, marcaba la devoción al hogar, funciones domésticas y la poca participación en aspectos públicos y políticos. Había lugares donde las damas decentes (casadas) no podían asistir, ni menos solas: los cafés y las pulperías (bares). Las tareas que siempre estuvieron a cargo de las mujeres fueron las obstetras (parteras) o ama de leche (amamantadoras). También, era muy común que las mujeres mayores de edad (pobres o ricas) se dedicaran a la confección y el bordado ya que todo trabajo que requiere habilidad manual eran vinculadas a las mujeres.

Mujeres revolucionarias

Cuando se hablamos de revolución y/o guerra, hacemos referencia a cambios, transformaciones, quiebres y rupturas. En América Latina, y en el Rio de la Plata, la revolución y guerra de independencia produjeron cambios impresionantes ya que “(…) no hay sector de la vida hispanoamericana que no haya sido tocado por la revolución.” (1)

Por otra parte, la mayoría de la literatura historiográfica que cuenta el desarrollo de estos procesos revolucionarios y la guerra de independencia latinoamericanas, y por ende los sucesos en el Río de la Plata, centran sus estudios en documentos que reproducen la voz masculina (“hombres”, “héroes”, “generales” “criollos”, burgueses, etc.) y las voces femeninas no aparecen más que como eco de lo que intentan describir. Entonces podría uno preguntarse: ¿Dónde estaban las mujeres?, ¿Pudieron de algún modo hacer oír su voz para expresar lo que la revolución y la guerra significaban?


(Imagen: “El ensayo del Himno Nacional en la sala de la casa de María Sánchez de Thompson.” Pedro de Subercaseaux. Óleo sobre tela (MHN)

Con respecto a la Revolución de Mayo que puso fin al régimen colonial en 1810, esta causó transformaciones que tuvieron consecuencias para lo que posteriormente sería la Nación Argentina y en cuanto a las relaciones entre varón y mujer se dieron nuevas formas de vinculación. En relación a la maternidad y sus obligaciones esta se hizo muy expresiva, reconocida y estricta. El estatuto de madre se elevó a una mayor consideración ya que se reforzaron las condiciones reproductoras y la condición femenina se reducía a esa misión, la de ser madre.

Por otra parte, la revolución de Mayo no fue un proceso lineal y los actores políticos que la llevaron adelante tenían ideas distintas y objetivos diferentes. En esos tiempos revolucionarios ¿Qué lugar ocupaban las mujeres? La respuesta es, el mismo que ocupaban antes de la revolución, es decir la casa. El hogar continúo siendo el lugar central de la mujer, sin embargo, los cambios políticos le dieron a ese espacio un nuevo significado ya que la política debía hacerse en un lugar más íntimo y para ello se recurrió a los salones familiares. Así, el salón familiar donde antes se recibía a parientes se convirtió en el lugar de recepción de los partidarios políticos, los aliados, los futuros compañeros de lucha.

En cuanto a la guerra de independencia, se puede reconocer la participación de cientos de mujeres durante los años de las guerras revolucionarias, las cuales actuaban a través de diferentes medios en conjunto con los defensores varones de Buenos Aires. Cabe aclarar que el camino hacia la independencia estuvo plagado de conflictos internos que sacudió a la sociedad en su conjunto produciendo cambios que afectaron a hombres y mujeres. Con respecto a las mujeres, la guerra revolucionaria aflojo un poco los límites marcados en cuanto a o que podían hacer o no. Muchas de ellas tuvieron que ponerse al frente de la familia, ya no desde el lugar de esposa sino de jefa del hogar: se encargaron de los negocios, chacras, estancias, fincas y deudas acumuladas.

Por último, cuando se recuerda la guerra por la independencia nos imaginamos campos de batalla poblados de hombres. Sin embargo, miles de mujeres asumieron diferentes roles en la gesta libertadora. Fueron espías, enfermeras, soldados, lavanderas. Desde el barro de los combates u otros espacios hicieron propios los desafíos de su tiempo y contribuyeron de manera fundamental en la causa por la independencia. En este sentido encontramos dos claros ejemplos, el de María Remedios del Valle y Juana Azurduy.

María Remedios del Valle: la Madre de la Patria

En 1810, la primera expedición por la independencia partió, desde Buenos Aires, hacia el Alto Perú, entre las filas de hombres iba una mujer liberta, afrodescendiente, que acompañaba a su marido y a sus dos hijos. Se llamaba María Remedios Del Valle. Por su inigualable contribución a los ideales de libertad el general Gregorio Aráoz de Lamadrid no dudó en decir que esta mujer merecía ser nombrada como “la Madre de La Patria”.

María luchó en las batallas más resonantes por la independencia, combatió en Huaqui, estuvo junto a Belgrano -quien la nombró capitana- en los triunfos de Tucumán y Salta y en las derrotas de Vilcapugio y Ayohuma. En los combates recibió seis heridas de bala. Atendió y alimentó a los heridos a la vez que perdió en el campo de batalla a su esposo y a sus hijos. ¿Qué más podía entregar o qué más era posible perder? Sin embargo, en cuestiones de guerra el sufrimiento humano no tiene límites: María cayó prisionera durante la batalla de Ayohuma, fue azotada públicamente por nueve días. Finalmente, logró escapar.

Juana Azurduy: la guerrera

El hogar de los Azurduy, en una hacienda cerca de Chuquisaca (hoy, Bolivia), no estaba formado por un matrimonio convencional propio de la época colonial. La historia de Juana demuestra el importante, y activo, rol de las mujeres en el proceso por la independencia. Continuando con sus actos heroicos, luchó en la dura derrota de Huaqui (1811), y después de este combate fue prisionera de guerra junto a sus hijos, luego rescatados por su esposo.

Juana combatió bajo las órdenes de Belgrano y organizó el “Batallón de Leales” con el que participó en la derrota de Ayohuma. Con su chaqueta roja de franjas doradas y sombrero con plumas azules y blancas, luchó en el barro de los campos de batalla por la defensa de la patria mientras lo iba perdiendo todo; sus cuatro hijos murieron durante las crueldades de la guerra. Estaba embarazada de su quinto hijo cuando fue herida y cayó prisionera en el combate de La Laguna. Su marido logró rescatarla, pero a él le costó la vida.

Conclusiones

En definitiva, la revolución que termino con el régimen colonial en 1810 y la guerra de independencia originaron profundos cambios culturales con múltiples consecuencias. En cuanto a las relaciones entre los hombres y las mujeres, se produjeron cambios, pero estos no significaron mayores derechos ni más libertades para las mujeres sino todo lo contrario. El mundo occidental ayudo al introducir innovaciones en cuanto a usos y costumbres gracias a la solidez de la burguesía y sus inclinaciones que significaron nuevas formas de vinculación intergenéricas.
Si bien la sociedad y las costumbres coloniales afirmaban que el lugar de las mujeres siempre fue el hogar y que no participaron en la política, puesto que este era un espacio propiamente masculino, esto no significa que la revolución, la guerra, las luchas civiles no las afectaran.

El presente artículo da cuenta, mínimamente, de que ellas también, a su forma, hicieron la historia. ¿De qué modo? Bueno, se puede decir que ellas fueron participantes reflexivas de todo lo que acontecía y esas reflexiones fueron las que ayudaron hacer la revolución. Tal como afirman Margall y Manso (2018), “Las mujeres estaban ahí, eran parte de lo que ocurría (…) hicieron la revolución de mayo siendo participes reflexivas de lo que acontecía. (…) Si la historia no contempla la participación femenina en los hechos que la constituyen es porque esa historia está construida por la misma sociedad patriarcal que vigilaba y controlaba la identidad femenina. (…) debemos entender que las mujeres fueron parte de la historia.” (2)

Así también, hubo mujeres que hicieron propios los desafíos de su tiempo y contribuyeron de manera fundamental en la causa por la independencia, no solamente participando en los salones familiares o frente al hogar, sino desde los campos de batalla.

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Notas:

  • [1] HALPERÍN DONGHI, T. (1969) Historia contemporánea de América Latina, Madrid, Alianza.
  • [2] Margall, G. y Manso, G. 2018. p. 232

Bibliografía:

  • ARECES, Nidia. “Las sociedades urbanas coloniales”, en TANDETER, Enrique (Dir. Tomo), Nueva Historia Argentina, Tomo II, Buenos Aires, Sudamericana, 2000, Cap. IV
  • BARRANCO, Dora. “Mujeres en la sociedad argentina”. Una historia de cinco siglos. 1° edición 2010. Ed. Sudamericana. Buenos Aires.
  • HALPERÍN DONGHI, Tulio (1969) Historia contemporánea de América Latina, Madrid, Alianza.
  • MARGALL, Gabriela. y Manso, Gilda. “La historia Argentina Contada por Mujeres”. Tomo I “De la Conquista a la Anarquía (1536-1820).” 2018. Ediciones B. Buenos Aires.
  • PRESTA, Ana María. “La sociedad colonial: raza, etnicidad, clase y género. S. XVI y XVII”, en Tandeter Enrique (director tomo). Nueva Historia Argentina. Tomo II. Buenos Aires. Ed. Sudamericana. 2000

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