Cuando zambia quiso llegar al espacio con gatos

por Martín Bericat

1964: plena guerra fría. La guerra de Vietnam estaba casi en su punto álgido a la vez que Washington y Moscú se enfrentaban en la famosa “carrera espacial”. Apenas siete años antes, la URSS había lanzado con éxito el Sputnik, primer satélite artificial de la humanidad.

En este contexto, una noticia un tanto peculiar llega a los oídos de la prensa europea. Se trataba de Edward Makuka Nkoloso, Ministro de Asuntos Estelares de Zambia, un país africano que había declarado su independencia del Reino Unido hacía menos de un mes. Aun así, Nkoloso anunciaba un plan formidable: quería superar a EEUU y la URSS colonizando Marte en nombre de su flamante país.

El plan era sencillo: construir un cohete en las instalaciones del Programa Espacial y enviar a Marte una tripulación compuesta por una astronauta adolescente, un misionero y varios gatos. La idea era que el misionero convirtiera al cristianismo a los pobladores de una pequeña colonia de marcianos que Nkoloso juraba haber visto con su telescopio. Pero ojo: no planeaba forzarlos, sino predicar el cristianismo siempre y cuando los marcianitos aceptaran.

En cuanto a los gatos, su función era la de salir primeros de la nave y testear las condiciónes de presión del nuevo planeta. Para acostumbrarse a la falta de gravedad, los astronautas zambianos debían pasar por una serie de entrenamientos que incluían meterse en un barril y rodar por una colina, hamacarse a alta velocidad, y trepar por sogas para luego caer desde una cierta altura.

Nkoloso aseguraba, entre otras cosas, que sus astronautas estaban mejor calificados que los blancos para viajar al espacio. Algunos de sus experimentos con el cohete incluían sistemas de catapultas, poleas y gas natural.

Hasta acá, todo parecería sonar un tanto ridículo.

(Nkoloso entrevistado en su centro de Asuntos Estelares)

Como era de esperarse, los medios europeos, rusos y estadounidenses se hicieron una fiesta con las noticias del programa espacial africano. Pero Nkoloso, orgulloso de su proyecto, envió cartas a Kennedy, Brezhnev, e incluso a la UNESCO en busca de financiamiento para su cohete. Sin miedo, llegó a dar entrevistas a varios diarios británicos explicando la cuestión de los “marcianitos primitivos” y su plan de convertirlos al cristianismo.

A lo largo y ancho de Europa, los delirios de Nkoloso eran tomados como muestra de la “estupidez” de los africanos y prueba definitiva de su incapacidad para autogobernarse. Recordemos que, para esos años, el contiente africano se encontraba en pleno proceso de descolonización, y la misma Zambia se había separado del Reino Unido hacía pocas semanas.

“Nuestro pensamiento está cinco o seis años más adelante que el de ellos”

– Edward makuka nkoloso

Si hasta acá la historia parece un tanto bizarra, a partir de ahora va a ser mejor. Estamos a punto de bailar en esa delgada línea que divide las joyitas históricas del realismo mágico.



(Imágen: “Afronautas“, fotografías artísticas de Cristina De Middel. Todos los créditos a quien corresponda)

Nobleza obliga: en este caso no hay bibliografía de respaldo, investigaciónes que analicen el proceso, ni mucho menos lecturas críticas de lo que se narró hasta ahora. No está claro cual fue el devenir exacto del Programa espacial de Zambia; eso será tarea de futuros trabajos historiográficos.

Circulan distintas versiónes de los hechos, una cual más hermosa y cuestionable que la otra. No pretendo dar una respuesta ni solución taxativa a la incógnita que rodea a estos astronatuas, así que me voy a limitar a presentar tres versiones distintas de esta historia. Quedará, por una vez, en ustedes determinar con cual se quedan.

La oficial: el delirio

La primer versión es bastante anticipable: es considerada “la oficial” y por muchos meses circuló en la prensa europea de carácter más conservador. En pocas palabras, consiste en aceptar que los delirios de Nkoloso cayeron por su propio peso: falló en conseguir financiamiento, no logró construir su cohete, e incluso su astronauta adolescente debió suspender los entrenamientos por quedar embarazada.

La cuestión es que, de un modo u otro, al poco tiempo terminó cancelándose el plan propuesto por el flamante Ministro de Asuntos Estelares. El sueño zambiano de tocar marte quedó postergado irreversiblemente.

Naturalmente, recae sobre este “fracaso” el peso entero del racismo neocolonial: en la carrera espacial internacional, Zambia fue tristemente vista como un mero chiste, y Nkoloso poco menos que como un loco con estrés postraumático: “así les va a los africanos cuando quieren tomar desiciónes por si mismos”.

El cohete si existió

La segunda versión es un poco más interesante, y está basada en supuestos documentos oficiales desclasificados hace poco por el gobierno ruso. Básicamente, se postula que el proyecto de Nkoloso sí rindió sus frutos y que sus apasionadas teorías sobre pequeños marcianitos y gatos espaciales no eran más que una mera fachada para encubrir sus verdaderos conocimientos.

El cohete zambiano habría entonces despegado con éxito de su base cerca de la capital, para luego ser abatido por un misil en una operación conjunta entre la KGB y la CIA. Este supuesto complot contra Zambia en la carrera espacial no deja de estar teñido de un cierto conspirativismo, y al decir verdad cuesta imaginarse una operación conjunta entre ambos polos de la guerra fría.

Sin embargo, vale la pena rescatar algunos puntos respecto a esta versión: nos invita a dejar de pensar a Nkoloso como un africano delirante.

En efecto, si hay algo que este personaje tenía era historia: luchó en la segunda guerra mundial, sirvió como traductor a las lenguas locales, fue docente itinerante por las aldeas del país y llegó incluso a fundar una escuela en contra de la administración colonial. Por esto último fue encarcelado y torturado, Una vez en libertad, participó del movimiento guerrillero para la liberación de Zambia y tomo un rol activo en la redacción de la nueva constitución.

Nkoloso era cualquier cosa menos un idiota. Sobre su figura, el Gobierno Chino produjo un documental que se puede ver acá.

Independencia

Lo dicho hasta ahora nos lleva a la tercera versión, quizás la mas sublime de todas. En la misma línea que la historia anterior, se ha sugerido que Nkoloso se encargó deliberadamente de hacer que su programa espacial sea lo más delirante y ridículo posible.

Convirtiendo su proyecto en una oda a la inviabilidad y ejemplo perfecto del subdesarrollo africano, el ministro habría logrado esconder algo mucho más relevante que un misionero y unos cuantos gatos: un centro de entrenamiento militar para los movimientos de liberación de países vecinos.

Montando la farsa perfecta (es decir, aquella que se vale de nuestros prejuicios), Nkoloso habría escondido movimientos guerrilleros a plena vista, contribuyendo así a la liberación de Mozambique, Zimbabwe y Angola. Bajo esta perspectiva, el “Ministerio de Asuntos Estelares” no habría sido otra cosa que una excusa burocrática para que el gobierno de Zambia financie guerrillas en países limítrofes.

¿Habrá sido así la historia? ¿Era Nkoloso un maestro del disfraz? La verdad es que no tenemos la menor idea. Solo nos queda esperar atentamente la aparición de investigaciónes que echen luz sobre una historia que se nos escapa entre distintas versiones.

Sin importar cual de estos relatos sea el correcto, es remarcable la importancia de un proyecto que, contra todo pronóstico y en contra de cualquier opinion de la prensa, propuso que el primer humano en pisar un planeta vecino sea una mujer africana acompañada por varios gatos.

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  • Foto de portada cortesía de Usukhbayar Gankhuyag, vía Unsplash.

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