Los olvidados de la “Belle Époque”

(Lawn tenis de Rosario, 1915. Créditos)

por Anabella Paterno

Vamos a retrotraernos a una época catalogada como de “oro” y añorada por muchos. Un período de fastuosas mansiones al estilo Versalles, modales aristocráticos, moda a la europea y un aura de glamour y oro que cubría a las elites argentinas que vivían entre Europa y Argentina. La noción de “el granero del mundo” estaba en pleno ascenso y las clases dominantes pretendían vivir su propia “Belle Époque”.

Pero este período de abundancia y progreso contrarrestaban con la realidad de una gran parte de la población que quedaba afuera de “La vie en Rose” (1)

En este artículo trataremos de mostrar, mediante hechos históricos que ocurrieron en nuestro país, la realidad de miles de personas que eran los verdaderos engranajes del progreso del país mediante su trabajo, que debían, además, soportar condiciones paupérrimas de vida y laborales, en medio de un período considerado por muchos como uno de los mejores de nuestra historia.

Una definición de “La Belle Époque”

Antes de profundizar en la situación de nuestro país, vamos a contextualizar brevemente el concepto de “Belle Époque” y en donde surgió.

El período denominado “Belle Époque” o “Edad de Oro” surge a finales del siglo XIX, aproximadamente en 1871, en Europa, teniendo como faro de influencia la ciudad de París, pero también ciudades como Londres y Berlín. Este período duró hasta el estallido de la Primera Guerra Mundial (1914).

Durante estos años Europa vivió una época de esplendor, estabilidad y paz. El inicio de la Belle Époque coincidió con la llamada segunda revolución industrial, las conquistas coloniales de Asia y África y con el auge del capitalismo, con Londres como la capital financiera más importante, cuyo poder imperial llegaba a todos los rincones del planeta.

Este clima de prosperidad y estabilidad que se vivía en el viejo continente, propició un gran desarrollo industrial y tecnológico que hizo que capitales como París se convirtieran en ejemplos de “civilización”. Particularmente París, se consagró como la capital cultural más importante, con un gran desarrollo artístico, arquitectónico e intelectual, que servía de inspiración para todas las élites gobernantes “civilizadas” o en vías de “civilizarse” como el caso de las elites latinoamericanas, más concretamente las de Buenos Aires.

Los aristócratas de Buenos Aires

Luego del proceso de consolidación del Estado-Nación (1852-1880) la sociedad argentina vivió una serie de cambios tanto en el ámbito social como del paisaje urbano.

A partir de la década de 1880 comenzó en nuestro país la “Belle Époque criolla” de la que disfrutaron sus beneficios la burguesía (sobre todo terrateniente) y la oligarquía que se encontraban en el poder (2).

Hacia fines del siglo XIX, más concretamente en la década de 1880, comienzan a llegar las primeras olas inmigratorias al país, transformando la poco poblada Buenos Aires. Así, el fenómeno inmigratorio, junto con la urbanización de la ciudad y la modernización que trajo la inserción del país en el mercado mundial, hizo que se vivieran cambios notablemente rápidos, entre ellas una marcada y cada vez más rápida desigualdad social.

Durante este ciclo de progreso y crecimiento fomentado por la modernización de la capital, -ya sea obras de infraestructura, iluminación de la ciudad, pavimentación, teléfono, etc.- la llegada de inversiones extranjeras (principalmente británicas), traducidas en bancos, ferrocarriles y préstamos, hicieron que surja una burguesía que vivía y pretendía ser la aristocracia argentina.

Este sector social se vio beneficiado por la obtención de vastas porciones de tierras que explotaban mediante el ganado o la producción de materias primas para exportar a Europa, lo que los convertía en terratenientes. También, dentro de esta burguesía naciente, se encontraban los profesionales liberales, ya sean políticos, abogados, médicos, pero también grandes comerciantes.

Estas élites aristocráticas, gracias a la gran acumulación de capital, podían disfrutar de diversiones entre las cuales se encontraban las visitas a los teatros, paseos públicos, compras en grandes tiendas comerciales que habían llegado al país como Gath & Chaves y la tienda inglesa Harrod’s, en donde las mujeres distinguidas compraban lo último de la moda europea, así como también, joyas, telas importadas y accesorios.

Cuando se encontraban en sus palacetes porteños (y no en sus numerosas estadías en Europa) se podían encontrar dentro una variedad de muebles y decoración de lujo al mejor estilo de la corte francesa. Estos se trasladaron luego de la epidemia de fiebre amarilla (1871) del viejo barrio de San Telmo, al norte de la ciudad de Buenos Aires, para crear el barrio “paquete” de zona norte.

Otra de las salidas y diversiones de esta burguesía devenida en aristocracia eran, además del teatro, que ya mencionamos, las nuevas confiterías, los clubes exclusivos como el Jockey Club y las visitas al hipódromo, lugar de encuentro de la aristocracia por excelencia, además, de las vacaciones en los balnearios de Mar del Plata.

(Rambla del hotel Bristol, Mar del Plata,1915. Créditos)

El ocaso de la “Belle Époque” y por lo tanto del estilo de vida aristocrático se dio a partir de la primera posguerra con los cambios que se dieron en Occidente luego del nuevo orden de las potencias mundiales. Ahora, los modos aristocráticos de la clase alta quedan en desuso para convertirse en una clase aburguesada.

Los cambios más importantes –sobre todo en los jóvenes-, radican en las nuevas referencias culturales externas, el faro de influencia ya no es en gran medida París, sino que ahora lo es Estados Unidos, -que luego de la Primera Guerra Mundial se posicionó como la potencia mundial más importante-, junto con las nuevas tecnologías, como por ejemplo, el automóvil o el teléfono, entre otros, y el relajamiento en las conductas morales, tanto en hombres como en mujeres.

A partir de este periodo la “High Society” de Buenos Aires disfrutaba de una libertad de comportamiento que sus padres y abuelos no conocían. Ahora, las visitas sociales eran espontaneas, sin tanto protocolo, realizaban actividades y pasatiempos fuera del control de los mayores, además de frecuentar los nuevos bares, teatros y cabarets. Las mujeres podían ahora, realizar deportes, como por ejemplo el tenis y el golf. La moda también sufrió cambios radicales, las mujeres podían tener cortes de pelo corto y usar prendas coloridas, livianas y más holgadas, dejando atrás el encierro del corsé.

Estos cambios de conducta y consumo irrumpieron en la alta sociedad tradicional de Buenos Aires marcando un cambio de época, que si bien se fueron amoldando a los códigos tradicionales, decretaron el fin de la Aristocracia.

(Huelga de inquilinos, Buenos Aires ,1907) Créditos)

La lucha obrera contra la desigualdad

Hacia la década de 1890 y sobre todo a comienzos del siglo XX, el modelo agroexportador que había dado inicio a la “Belle Époque” entra en conflicto con la realidad del resto de la sociedad conformada por la creciente masa de obreros inmigrantes que llegaban cada vez más al país y los criollos de bajos recursos. Estos sectores contrastaban con la realidad, de como vimos, las elites porteñas, propiciando reiteradas luchas obreras y movimientos que a continuación veremos.

La llegada a nuestro país miles de inmigrantes europeos que escapaban del hambre y con la ilusión de “hacerse la América” en la Argentina, hizo que muchos trabajaran en el campo, pero que una gran parte se quedara en la ciudad como mano de obra barata para la construcción y las fábricas. Estos inmigrantes quedaban en una condición de vulnerabilidad ante la inestabilidad y la explotación laboral, lo que fue un terreno fértil para las ideas de izquierda y anarquistas.

La miseria, la explotación laboral y las pésimas condiciones de salud y vivienda eran experiencias que unían a la clase trabajadora y “la chispa” que necesitaban para forjar su identidad obrera fue la necesidad de hacer oír sus reclamos mediante la organización sindical, que llevaron a cabo los primeros militantes anarquistas.

Gracias a esta identidad obrera, a partir de 1902, se fueron dando una serie de huelgas generales, siendo la primera de nuestra historia ese año, siendo seguida de las huelgas de 1904 y 1907. Luego de la huelga de 1902, el gobierno oligárquico sancionó la ley de residencia (1902) que permitía encarcelar y expulsar a cualquier inmigrante sospechoso de actividades subversivas.

Pero aún con las deportaciones y la represión, continuaron las huelgas por las mejoras laborales, derechos sindicales, pero también por mejoras en las viviendas y salud. Recordemos que la gran mayoría de los obreros, por la escasez de viviendas y la especulación inmobiliaria, vivían junto a sus familias en conventillos hacinados en condiciones paupérrimas de higiene. Así, en 1907, se dio la huelga de inquilinos, un levantamiento popular contra la suba de los alquileres de los conventillos.

La “cuestión social”, como era llamada por la oligarquía a la situación de vulnerabilidad en la que se encontraba la clase obrera argentina, era cada vez más evidente. Así para 1904, el gobierno de Roca, en un pobre esfuerzo por observar los problemas de los trabajadores, le encargó al médico Juan Bialet Massé un informe sobre el estado de la clase obrera en la Argentina, en el cual se detallaron las crudas condiciones de los trabajadores en todo el país. Las broncas de la clase obrera hacia el gobierno oligárquico estallarían en uno de los episodios que junto con la semana trágica de 1919 pasarían a la historia por lo sangriento de los conflictos.

La masacre del 1° de Mayo de 1909

El 1° de Mayo de 1909 la Federación Obrera Regional Argentina (FORA) convocó a un acto en la Plaza Lorea, donde no solo se encontraban anarquistas, sino que, en paralelo y en cercanías de la plaza se concentraron allí los socialistas. Sin embargo, la policía, al mando del Coronel Ramón Falcón, reprimió violentamente la movilización causando la muerte de 8 personas y causando 105 heridos.

Esta masacre marcó un antecedente a las represiones, que si bien se venían dando por parte del Estado y de las fuerzas policiales, había sido la más sangrienta hasta ese momento. Las repercusiones no tardaron en aparecer: los socialistas repudiaron la masacre y la FORA convocó a una huelga general para el 3 de Mayo de ese año.

La escalada de violencia seguiría en aumento, ya que en la manifestación, que culminó en la masacre del 1° de Mayo, se encontraba el joven Simón Radowitzky que, afectado por el episodio, unos meses después, más precisamente el 14 de noviembre de 1909, mató al Coronel Falcón. Si bien luego de estas protestas y huelgas que derramaron la sangre de los trabajadores se consiguieron mejoras y ciertos derechos laborales, la realidad es que, recién hacia mitad de la década del 40’, las condiciones de vida y laborales de los obreros mejorarían notablemente.

Conclusiones

En el transcurso de finales del siglo XIX y las primeras décadas del XX, hemos visto los contrastes de la sociedad argentina, las luces y sombras de un periodo que sin duda no pasa desapercibido en nuestra historia: una Argentina llena de pujanza que se perfilaba para ser potencia mundial, pero que en el interior del país e incluso en la misma Ciudad de Buenos Aires, más de la mitad de sus habitantes estaban lejos de disfrutar de esa “Belle Époque” que la burguesía no quería que se terminara nunca.

A través de este artículo hemos intentado echar luz sobre un periodo que los historiadores últimamente han vuelto a revisar, para romper con el mito de la estabilidad en el “granero del mundo”.

Notas

  • (1) Canción de Édith Piaf, (1946), significa ver la vida en rosa. También se usa como una expresión positiva, como por ejemplo, una vida color de rosa.
  • (2) Usamos burguesía como termino para definir a las clases medias acomodadas y altas que poseen capital y propiedades, Terrateniente como dueño de tierras extensas o estancias, y oligarquía para referir a gobiernos en los cuales el poder está concentrado en unas pocas personas pertenecientes a las clases altas de la sociedad.

Bibliografía

  • Kershaw, I. (2016). Al borde del abismo. En Descenso a los infiernos (págs. 38-54). Critica.
  • Losada, L. (2008). El eclipse del “mundo aristocratico”. En La alta sociedad en la Buenos Aires de la Belle Epoque: sociabilidad,estilo de vida e identidades. Buenos Aires : Siglo XXI.
  • Massé, J. B. (2010). Informe sobre el Estado de las clases obreras Argentinas Volumen I. La Plata: Ministerio de Trabajo de la Provincia de Buenos Aires.
  • Pigna, F. (2014). Las Argentinas “modernas”. En Mujeres tenian que ser (págs. 380-395). Buenos Aires: Booket.
  • Suriano, J. (2001). Capitulo I. La organizacion y la difusión de las ideas libertarias. En Anarquistas: cultura y politica libertaria en Buenos Aires, 1890-1910 (págs. 15-22 33-37). Buenos Aires: Manantial.
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