Shitpost y vanguardias artísticas

por Gastón Mazzaferro

Seguime. Vamos a describir una escena que (casi) todes vivimos: imaginate que un día te despertás a la mañana y, luego de un desayuno atragantado por el apuro, te subís a un colectivo en camino a tu trabajo o lugar de estudio. Ese día tuviste suerte, encontraste un asiento individual —cosa que no siempre pasa— y te sentaste en él. Ya cómodo (ponele) te dispusiste hacer lo que la mayoría de las personas hacen para matar el tiempo: prender el celular, abrir Instagram, Twitter, o la red social que uses, ver publicaciones de amigues y algún que otro meme.

Pero ese día viste algo que te llamó la atención. No sabes muy bien por qué, pero alguien que seguís —probablemente unos años más joven que vos— compartió en sus historias algo que crees que es un meme. Digo “crees” porque la imagen es un tanto extraña y al verla te das cuenta de que es Arnold Schwarzenegger, sí, pero un poco deforme: carece de torso y, en su lugar, es solo cabeza, brazos y piernas. Pero no solo eso, tampoco terminas de entender el remate del meme. 

Dado que no es la primera vez que observas uno, supones que debería ser un chiste referido a la anatomía del actor y ex gobernador de California. En tu cabeza el remate lógico es un “cuando te pegan en la boca del estómago y te quedas sin aire” o algo así, pero sin embargo la leyenda es otra: “Tamaulipas”. Pero ¿qué carajo es Tamaulipas?, ¿Que tiene que ver con Schwarzenegger?, ¿Por qué razón no tiene torso? ¿A quién le podría dar risa esto? ¿Me estoy volviendo viejo y por eso no entiendo los nuevos memes? O peor: ¿me estoy volviendo un conservador que cree que el meme es lo de antes y lo de ahora no es meme, así como piensa mi viejo sobre el trap y el rock?

Todo es duda, todo es miedo. Buscas explicaciones en los comentarios, pero es peor: “tengo piedras en los riñones”, afirma uno; “hice guiso de mondongo”, señala otro y, cuando te das cuenta, te pasaste de parada en el bondi. Vas a llegar tarde al laburo y todo es culpa de tu nuevo enemigo personal: el shitpost.

Ahora imaginate que sos un ruso de unos cincuenta años en 1915. Tu país se encuentra inmerso en la guerra más grande de la historia hasta ese momento, está gobernado por un despótico zar y las protestas son cada vez más grandes y violentas.

La cuestión es que vos vivís en Petrogrado y por algún motivo, en vez de estar muriéndote en una trinchera llena de barro y ratas, estás por visitar una exposición de artes plásticas. Pagaste tu entrada, entraste al museo o galería, pero la verdad es que no entendés nada: los cuadros son solo bastidores con alguna forma negra. A veces ni siquiera hay formas y son solo siluetas confusas sobre fondos blancos.

“Viejo, me estafaron”, decís en ruso. Levantas la vista en búsqueda de la cruz que siempre se encuentra en las esquinas de las habitaciones, porque vivís en una Rusia cristiana presovietica, y en vez de eso ves otro cuadro aún más confuso: literalmente un cuadrado negro sobre un fondo blanco. Ese cuadro lo pintó un tal Malevich. Estaba naciendo una de las principales vanguardias del siglo XX y la nueva enemiga de este hipotético ruso de 50 años: el suprematismo.

(Cuadrado negro sobre fondo blanco, Kazimir Malevich, 1915)

Ahora bien, ¿qué tiene que ver el shitpost con las vanguardias artísticas? Creo que, más allá de las diferencias, las vanguardias pueden ayudar a que comprendas el tan confuso shitpost, si es que aún no lo entendiste (no puedo prometer que te de risa). También, si por algún motivo consumís este tipo de humor, pero no comprendes muy bien como a alguien podría considerar que un cuadrado negro sobre un fondo blanco es arte, quizás el shitpost te pueda ayudar a comprender a las vanguardias.

¿Por qué? Porque, salvando las distancias, el shitpost cumple, en el universo meme, la misma función que cumplieron las vanguardias en el mundo artístico de principios del siglo XX. Otra vez, ¡salvando las distancias!: el contexto histórico difiere fuertemente (ya lo veremos); la forma de producción y organización de ambas cosas no podría ser más distinto; el talento manual que se requiere para hacer un cuadro (en mi opinión) no puede compararse con la habilidad que se requiere para hacer un meme; y, finalmente, las reivindicaciones de sus autores están lejos de ser similares.

Pero, con todas estas diferencias, sin embargo, sigo encontrando un paralelismo fundamental en ambos casos: el shitpost, al igual que las vanguardias, pretende (a su manera) romper con una tradición que lo antecede (en este caso, la “tradición meme”), con las reglas estéticas que definían a su campo y con la necesidad de que forma y contenido estén tan linealmente correspondidas. Veamos un par de ejemplos de esto y después vamos a las vanguardias.

“Ice guiso”: ¿Que es el shitpost?

Empecemos por un meme clásico, en este caso, uno de los Simpsons (¿qué más clásico que eso?). En este podemos observar, en primer lugar, una pregunta que busca interpelar al lector trayendo a colación un ejemplo cotidiano para ciertos sectores de la sociedad —los memes, al igual que el humor en general, están dirigidos a ciertos sectores y, en este sentido, no suelen ser graciosos para todos. Si yo le hago un chiste sobre el tráfico de Av. Córdoba a alguien que no vive en la Ciudad de Buenos Aires, difícilmente le haga gracia—: “¿Se imaginan un mundo sin normas APA?”. La imagen remata con un Lionel Hutz imaginando un mundo feliz porque, ¿Quién no tuvo problemas con las normas APA?

Aquí el meme sigue la estructura clásica de un chiste: introducción o postulado (“¿Se imaginan un mundo sin normas APA? “) y remate (la imagen de un mundo feliz en la imaginación del abogado). En este caso, forma y contenido se corresponden haciendo el chiste sencillo de entender.

Pero veamos qué pasa cuando vamos al shitpost: aquí tenemos, en primer lugar, algo que es estéticamente horrible, antinatural y hasta tétrico. La imagen carece de sentido siendo una suerte de mezcla entre Calamardo de Bob Esponja y Barney el dinosaurio. ¿Y el remate? “Chococrispi”. ¿Qué tendrá que ver? Nada, absolutamente nada. La estructura del chiste está completamente rota, la escisión entre forma y contenido es total.

En ese sentido, el shitpost constituye una ruptura total con la tradición memística (¿esa palabra existe?): es un tipo de humor particular, completamente absurdo. Su gracia no reside en la correlación entre postulado y remate, sino por el contrario, en su disociación. La lógica del shitpost, con su estética particular, es la ilógica resumida en la siguiente pregunta: ¿Qué tan lejos puede estar mi remate de mi introducción o postulado y que tanta sorpresa puedo generar con esa lejanía? Mientras menos tenga que ver una cosa con la otra, más sorpresa generará y más risa dará. 

Ahora sí, explicado esto, pónganse de pie que vamos al tema serio: las vanguardias de comienzo del siglo XX.

La vanguardia es así

Vamos a imaginarnos que entramos a una clase de plástica de niños de 4to grado en una escuela primaria. Ese día, están pintando con témperas por primera vez. Dispongamonos a observar sus primeras obras. Dado que en esta aula imaginaria hay casi treinta niños, enfoquémonos en lo que están haciendo tres de ellos: Maia, Luca y María. 

La primera de los tres está dibujando un árbol. El modelo es el clásico: un tronco recto pintado de una sola tonalidad de marrón, con algún que otro firulete en un tono más oscuro para simular la corteza y un círculo verde arriba que vendría a simular ser las hojas del árbol.

Por su parte, la obra de Luca es, al menos, confusa: el fondo es naranja y sobre él hay solo círculos mal hechos. Algunos son blancos, otros negros, algunos están rellenos y otros vacíos. Pero no solo por eso es confuso: en la parte de abajo, hay picos pintados de verdes y arriba, en una esquina, un semicírculo amarillo. “Son el pasto y el sol”, te señala cuando te detenés a observarlo.

Finalmente, nos encontramos frente a la pintura de María y todo es sorpresa. No podemos creer que una niña de 9 años haya pintado esa cara. Sus rasgos son perfectos, cada una de sus partes están en su lugar, la tonalidad de la piel parece ser la adecuada. Hasta tiene hecho un sombreado que le da al rostro leves arrugas.

Si nos topamos frente a estos tres ejemplos en la vida real, posiblemente, afirmaríamos que, sin duda, María pinta y dibuja muy bien; que Maia sabe reconocer las formas que las rodea y representarlas (aunque de una manera precaria); y que si Luca sigue pintando así en diez años seguramente no pasará un psicotécnico cuando tenga que empezar a trabajar.

Pero ¿Por qué pensamos esto? ¿Por qué pintar similar al objeto pintado es igual a pintar bien? ¿Por qué María estaría haciendo algo mejor que Luca? Al fin y al cabo, ¿imitar no es más sencillo que crear?

Esta creencia tiene su origen histórico: la primera teoría del arte, proveniente de la antigüedad griega, afirmaba que el arte es mimesis, es decir, imitación de la realidad. En este sentido, este siempre es figurativo y la forma en que lo representado es plasmado en una hoja debe ser fidedigna. Es por eso que cuando imaginamos la pintura de María pensamos “che, que bien que dibuja”, pero cuando hacemos lo mismo con Luca decimos “che, pero este está un toque confundido”.

¿A qué voy con esto? A que todo el arte occidental posterior a esta teoría griega seguirá esta premisa: el arte debe imitar a la realidad, debe ser una representación, debe ser siempre figurativo. Pero esta idea se verá desafiada en los albores del siglo XX, cuando irrumpan, finalmente, las vanguardias artísticas.

¿Qué proponían las vanguardias? Ante todo, una ruptura tajante con la tradición artística. Esto se tradujo en la exploración y la búsqueda de nuevas estéticas y de nuevas ideas. El arte debía ser revolucionario: no se trata solamente de innovar. Tampoco significa meramente romper con una estética previa, sino con toda una tradición que estipulaba ciertos cánones y reglas y que separaba la esfera artística de la esfera social y política.

(La habitación roja, Henri Matisse, 1908)

Pensemos en el contexto, también: estamos en los primeros años del siglo XX, el mundo se había visto convulsionado por la Primera Guerra Mundial, la Revolución Rusa ilusionaba (o atemorizaba) a muchísimos y las innovaciones tecnológicas se sucedían cada vez más pronto. El arte, en este sentido, no podía permanecer ajeno a estos tiempos convulsos.

Será así que surgirán decenas de nuevos movimientos artísticos con sus principales exponentes tanto en Europa como en otras partes del mundo: el surrealismo de Salvador Dalí y René Magritte; el cubismo de Picasso; el suprematismo de Malevich; el neoplasticismo de Piet Mondrian; el fauvismo de Henri Matisse; en Uruguay, el universalismo constructivo de Joaquín Torres García; y, en Brasil, el movimiento antropofágico de Oswald de Andrade y Tarsilia Do Amaral.

(Abaporu, Tarsilia Do Amaral, 1928)

Todos estos movimientos artísticos —si bien tenían diferencias tanto estéticas como ideológicas—comparten esta inquietud por cambiarlo todo. ¿En el arte? Si, pero también en la vida. Los vanguardistas, rompiendo con la tradición, rompen también con la idea de que el arte y la vida cotidiana son dos cosas distintas y separadas. La búsqueda es esa: volver a unir estas dos esferas que la tradición artística había negado.

Ahora bien, si, los escucho, están diciendo “Déjate de joder, amigui, están pintando un cuadrado negro sobre un fondo blanco”. Está bien, los entiendo, tienen razón. Pero, es que en eso consiste: al romper con la idea de arte tradicional y mimético, los vanguardistas ponen en crisis todo lo que compete al arte y de ahí se desprenden sus experimentaciones. ¿Se dan cuenta? Juzgamos a Luca, pero ¡Luca era brillante!

(Bosque cerca de Oele, Piet Mondrian, 1908)

Pero volviendo a nuestro tema: las vanguardias no sólo se proponían una mera innovación: todo debía ser cambiado. Esto implica una visión propia del tiempo: el pasado queda deshecho y, si bien es planteado un futuro de manera discursiva, el presente acaba por inundarlo todo. Aquí se encuentra la principal limitación de estos movimientos (y donde muchos autores encuentran la razón de un supuesto fracaso): dado su carácter completamente rupturista con la tradición, el futuro queda frecuentemente limitado a los cambios del presente. En este sentido, todo debe ser nuevo y, por ende, toda innovación envejece rápidamente. 

Como me señaló alguna vez una profesora de Historia del Arte en el secundario: “tiempo mata vanguardia”.

(Constructivo en gris y negro con centro rojo, Joaquín Torres García, 1933)

Conclusiones: ¿es el shitpost vanguardista?

Como vimos, el shitpost significa un cambio radical en el mundo de los memes: es tétrico, carece de un sentido evidente y, por lo general, genera más incomodidad que risa. ¿Esto lo hace vanguardista? Posiblemente, no, al menos en los términos que presentamos en este artículo: no buscan romper con una tradición previa (aunque acaban haciéndolo), pero sobre todo, difieren en un factor que no hemos mencionado de estos movimientos artísticos. Las vanguardias eran, en su gran mayoría, revolucionarias políticamente hablando.

El ejemplo más claro es el de los vanguardistas rusos que pretendían hacer en el arte lo que los bolcheviques estaban haciendo con la política (su final fue, no obstante, trágico, pero eso excede las intenciones de este artículo). También se presentaba como revolucionario el surrealismo, estrechamente relacionado con el anarquismo francés.

(El terapeuta, René Magritte, 1937)

Quizás ahí radica la diferencia fundamental entre shitpost y vanguardias. Quizás la diferencia sea otra y es que se tratan de dos cosas distintas. Es decir, amo los memes, pero no sé si son exactamente arte. Si bien algunos insolentes osan discutirlas, las vanguardias por su parte sí eran, íntegramente, arte: aunque aquí nos hemos enfocado principalmente en las artes plásticas, encontramos ejemplos en la literatura, en el teatro, en la música e, incluso, en el cine.

No obstante, creo que, igualmente, la lógica rupturista genera un efecto de extrañamiento en ambos casos. Por lo cual, creo que las vanguardias son útiles (hasta ahí) para comprender el shitpost y viceversa. En fin, creo que, lo que quiero decir con esto es TAMAULIPAS.

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Bibliografía

  • Badiou, A. (2009). El Siglo. Buenos Aires, Argentina: Manantial.
  • Călinescu, M. (1995). Five Faces of Modernity. Amsterdam, Países Bajos: Amsterdam University Press.
  • Hobsbawm, E. J. (2009). A la zaga. Barcelona, España: Crítica.
  • Kohan, M. (2021). La vanguardia permanente. CABA, Argentina: Paidós.
  • Sontag, S. (2005). Contra la Interpretación. Buenos Aires, Argentina: Alfaguara.
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One Comment on “Shitpost y vanguardias artísticas”

  1. Muy bueno! Excelente análisis. Nunca se me hubiera ocurrido compararlas pero es tal cual explicas.
    Aguanten las vanguardias y el shitpost

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