El pelo en disputa

por Francine Riera

Imagen: “Portrait of Betsy” (1837)  de  François Fleischbein.  The Historic New Orleans Collection.  Esta foto ejemplifica la Ley del Tignon (eso es un tignon).

Me gustaban las canciones de amor

Me gustaban esos raros peinados nuevos

De chiquito fui aviador

Pero ahora soy un enfermero

Introducción: poco texto para tantos peinados

Cuando pienso en mi infancia tiendo a reflexionar con frecuencia en las formas particulares que tomaba el aprendizaje. La asimilación de la costumbre, cuando todavía no se teoriza individualmente sobre las normas es un acto que previo a su entendimiento acarrea confusión tras otra.

Después llegan los días de los libros largos, los artículos clarificadores y las charlas que dan formato a ese bagaje de emocionalidad y artículos constitucionales que digerimos sin saber muy bien por qué usamos guardapolvo, comemos con cubiertos y saludamos con un beso en vez de dos.

La problematización no es un hecho que se hace luz una mañana al despertarnos, pero al menos la información y el aprendizaje nos dan las herramientas para que la crítica no sea un berrinche, más bien una invitación al debate y la transformación, ya sea estructural o porque queremos saludar con dos besos en vez de uno o chocando los codos.
Esto me llevó a un recuerdo particular: el alisado frenético. Durante gran parte de mi adolescencia llevarse la planchita al baño era un juego recurrente. Alisarlo compulsivamente cada día, y que no se escapara un rulo porque el lacio era la aspiración que un grupo de niñes con guardapolvo mantenían dogmáticamente, a riesgo de un par de burlas.

Años después, la reivindicación del rulo. la difusión de prácticas como el cowash que apela a resaltar un aspecto físico antes sometido al calor constante que desdibujaba el bucle, me invitaron a pensar: ¿qué elementos se pusieron en juego en ese cambio? ¿Es una renovación de la moda, o la distinción del rulo implica una suerte de visibilización de identidades y corporalidades que se intentaron e intentan negar? En este trabajo me propongo traer más preguntas que respuestas, así que les invito a dudar un rato conmigo.

Un breve recorrido

Imagen: “Duquesa de Alba” (1795) Goya. Colección de Casa de Alba, Palacio de Liria, Madrid

Pensar en una historia que puede ser abarcada desde toda cultura y época para sustraer de esas variables alguna conclusión es un desafío que en 2500 palabras no puede cumplirse. A medida que incluía información, sentía cómo se escurría el peso de lo faltante. Decidí por ende centrarme en -salvo algunas excepciones – la cultura occidental, con Francia y más tarde Estados Unidos como principales focos culturales, no por ser los únicos productores de cultura, sino por sostener un predominio en planos políticos y económicos que repercutió en la introducción de sus valores estéticos a lo largo del mundo.

Sí, la estética es muy poderosa, y la propaganda con su capacidad de convencer no es una cualidad actual, viene hace rato marcando la cancha.
Sobre algunas generalidades, hay una tendencia histórica a que prevalezca el rubio como reivindicación estética, aunque en momentos como el atravesado por el Romanticismo, movimiento cultural de fines del s. XVIII, tuvo tendencias hacia el azabache por la influencia del pintor Goya y de los valores de Oriente. Aún así, en dicha tendencia occidental al rubio fue también acompañada por una reivindicación del lacio como sinónimos no solo de estética, sino también de la misma puesta en valor de civilización y estatus.

A pesar de ciertas nociones constantes, hubo variaciones. En la Antigua Grecia, las mujeres usaban un pañuelo en la cabeza como ideal de belleza, y el pelo largo y trenzado.

Durante la Edad Media, se daba mucha importancia al pelo del rey y de la alta nobleza, pues se consideraba al cabello como el ornamento del alma. Era frecuente el uso del pelo como imagen mental para referirse a aspectos como los pensamientos, planteando la idea de cortar los malos y dejar los buenos (di inicio a este artículo con un tema de Charly: al parecer la metáfora sigue siendo un atributo muy atractivo de nuestros pelos).

Los varones que se teñían en la Antigüedad eran considerados indignos de confianza. También se encuentran menciones a que la defensa de la nación española iba a estar en peligro si la nobleza, con un gran componente militar, se rizaba al pelo al pensarse el rulo como sinónimo del erizar de cabellos que produce el miedo. Esta fue la primera connotación negativa de los rulos que pude encontrar. Aún así, había excepciones. Los reyes de Francia, por ejemplo, llevaron pelos largos y rizados como símbolo de estatus, o en casos previos los soldados espartanos llevaban el pelo largo también, mal visto generalmente entre los varones.

En la Edad Media aparecían consejos en recetarios para teñir canas o indicaciones para enrubiar cabellos tal como hacía Isabel I de Inglaterra, ya que la aparición de la realeza tenía un caracter muy simbólico. En “Discursos de los tufos, copetes y calvas” de Ximenes Patón (intelectual español y humanista) se criticaba a los rulos por ser una práctica extranjera mala para la nación española, ya que significaba el triunfo de la hegemonía francesa. Los franceses por su lado, apostaron a un mayor cuidado de las apariencias, usando peinados con mucho volumen donde jugaron un rol importante las pelucas. Efectivamente, la disputa política se daba a través del pelo también.

The weaker sex” (1903), Charles Dana Gibson. Ejemplo de la chica Gibson. 

El rol de Francia fue central para determinar los cánones estéticos occidentales. El oficio de peluquero inició en el s. XII, y el Edicto del 23 de marzo de 1673 puso fin a la profesión de barbero-cirujano. Sí: eran un único trabajo, como ir al hospital a operarte el apéndice y en combo hacerte un desmechado. En esa fecha pasó a ser denominado barbero-peluquero, que se ajusta más a lo que conocemos hoy en día. En 1674 fueron autorizados a portar espada, lo cual habla de un lugar de relevancia social, ya que claramente no cualquiera podía usar una.

 Gerrit Ludens. Sutura de una herida menor en una barbería. (1622-1683) Oficio de barbero-cirujano, característico de la Edad Media. 

Al principio los peluqueros funcionaron a domicilio, operando solo para la aristocracia y la burguesía. Bajo el reniado de Luis XV comenzaron a extenderse a sectores más bajos, con obreros-peinadores.

Entonces, podemos hablar de una profesión que nació siendo de un sector adinerado y reducido. Esto no implica que los demás estratos sociales no tuvieran sus propias lógicas estéticas, pero sí nos invita a pensar en una suerte de democratización muy lenta de la moda. En sintonía, recién en el s.XIV aparecieron las primeras mujeres peluqueras, pero se incorporaron realmente en el s.XIX: el oficio tuvo definitivamente un origen cortesano y masculino.

En el s. XX, con la globalización, se expandió la mercantilización del cuidado del cabello.

Francia fue de nuevo ejemplo que buscó replicarse dentro de Occidente. Con la Revolución de 1789 hubo una tendencia hacia el corte de pelo, desafiando a las cabelleras largas del Antiguo Régimen, y triunfando los peinados á la Titus: cabello corto anillado en pequeños bucles. Aún así, duró tan solo en el Directorio (gobierno republicano adoptado por la Rev. Francesa) y se concentró sobre todo en París, volviendo las pelucas. Es un ejemplo muy claro de la lucha política dada a través de la imagen, romper con un pasado era también romper con sus gustos.

Entre 1900 y 1914 el modelo imperante en Estados Unido fue el de “chica Gibson”, cuyo nombre se refiere al dibujante que le dio vida: el ideal era tener el pelo muy largo para poder trenzarlo sobre la cabeza y que tuviera más volumen.

Aquellas mujeres sin rulos usaban elementos como tubos de cartón para formarlos. Además, llevaban la cara despejada, pues de lo contrario eran asociadas a la clase baja y la vulgaridad. El pelo corto se vinculaba a trabajos de limpieza, por lo que tampoco era bien visto.
En la época contemporánea, durante la posguerra fue popular el uso de pelo corto en las mujeres. Por un lado prevalecía la comodidad necesaria para un momento complejo económicamente, pero asimismo existía una aligeración de las costumbres y mayor libertad individual.

En simultáneo, aumentaron las peluquerías, y el peluquero comenzó a ocupar el puesto que en las Cortes dos siglos antes ocupaban los figaros (barberos) . Hubo peinados nuevos y aumentó el pelo teñido por la creciente producción de tintes químicos entre 1950 y 60.

En Rusia por ejemplo, en esta etapa se le daba peso al pelo abundante y rizado, aunque el exceso de arreglo podía considerarse de mal gusto por imitar a la pequeña burguesía (mezhanstvo), y había un discurso dominante que elogiaba la belleza natural y la modestia. La permanente fue usada tanto allí como en todo Occidente en esa época, con el ideal del pelo ondulado sobre los hombros. En caso de ser largo, se usaba recogido sobre la nuca.

“Retrato de una Joven” (1800-1805), Gioacchino Giuseppe Serangeli, Ashmolean Museum of Art, Oxford, Inglaterra

Es clave pensar entonces al periodo de guerra entre 1914 y 1929, ya que la escasez resultante dio fin a la tendencia al gusto francés e inglés que predominaba, que se expresó en el relajamiento entre 1930 y 1938 de los peinados ostentosos pero que también tuvo relación con la apertura de las costumbres. Esto fue en sintonía con la mayor irrupción de las mujeres en la vida pública, con la lucha por el derecho al voto como mayor ejemplo pero que se manifestó en muchísimas otras cosas, como en su apropiación del diseño de estilos, antes limitado a los varones, y de ahí el aumento de peluqueras. Se difundió el pelo corto y el uso del pantalón.

La Modernidad buscó romper así con las modas previas, con una predominancia del pelo corto, ejemplificado en figuras específicas como Marilyn Monroe.

A parir de 1967 la tendencia hacia el pelo corto se revirtió volviéndose cada vez más largo, y entre las décadas de 1990 y el 2000 el ideario minimalista puso el pelo al natural como una reivindicación frente al lujo

Símbolo y género

“Retrato de una Joven”. Sandro Botticelli (1480-85), Museo Städel, Alemania. Muestra la predilección estética por el pelo largo. 

Podemos ya ir afirmando que el pelo tuvo y tiene gran carga simbólica, y sus formas y usos muestran que sostiene un propio lenguaje. Por ejemplo, durante el s. XIX los mechones del ser amado se guardaban como reliquia, un elemento íntimo. A pesar de su simbología general, el rol de la cabellera jugó un rol particular en todo sujeto asociado a la feminidad.

“Reclining Woman” (1917), Egon Schiele. Leopold Museum, Viena, Austria. El pelo aparece como un factor del erotismo. 

La mujer por definición era aquella que tenía pelo y que cuidaba de él. Por eso, el corte llegaría a ser asociado a su independencia, como un acto reivindicativo, donde es interesante pensar en la libertad asimilada a través de la “masculinización”. Igualmente, el corte de pelo en general hasta que se impuso como moda fue un método de castigo.

Las mujeres francesas, aún después de alcanzar la plena ciudadanía en 1944, siguieron siendo rapadas cuando eran acusadas de colaboracionismo con los alemanes (en la Segunda Guerra mundial mientras Alemania estaba en el Eje, Francia formaba parte del bando Aliado). Podían ser acusadas tan solo por tener relaciones sexuales con enemigos. En estos casos, que también se dieron en países como Italia, Bélgica o Polonia, el corte formaba parte de un proceso de asexuación. Los rapados muchas veces incluso eran comandados por mujeres parte de la Resistencia (organismos que se movilizaban contra la ocupación nazi). Con el fin de la guerra comenzaron a prohibirse los cortes con sanciones a rapadores.

El pelo largo asociado a la feminidad se ve también en los pintores del Renacimiento como Botticelli y el “art nouveau”, estilo artístico de fines del s. XIX y principios del s.XX, que lo tuvieron como algo central. Era muy frecuente la vinculación del largo con la juventud, por eso la tendencia a cortarlo con la vejez.

Retrato de Isabel I de Inglaterra (fines s. XVI) George Gower, Abadía de Woburn. Se puede ver su pelo rubio. 

El pelo de la mujer siempre sufrió una fuerte erotización, sobre todo en el s. XIX, como se ve en pinturas de los vieneses Klimt y Schiele o postales del 1900, de corte más “vulgar”.

En el s.XXI, frente a nuevas lógicas y percepciones de género, la masculinidad comenzó a adaptar elementos del pelo antes asociados a la feminidad, como el teñido, en asociación a esta búsqueda de revertir valores generacionales previos.

Pelo rapado

The Shaming of an alleged French Prostitute and Nazi Sympathizer in the days just after WWII ended.

Como plantea Salvador en su ensayo “Un nuevo símbolo renacido”, para que el cabello signifique debe existir su corte como una posibilidad. Por ende, el pelo largo significa frente a su potencial ausencia.

Los cabellos de Sansón, personaje bíblico, son los primeros pelos cortados con significado en la historia, ya que en ellos radicaba su fuerza personal, y quitarlo implicaba anularla. Como signo bíblico, el pelo largo implicaba libertad y paz, siendo el rapado sometimiento y guerra. Aunque figurara en la Biblia, es evidente que la estética relatada habla de realidades y percepciones que tuvo en un principio el cristianismo.
En la Antigüedad, los esclavos y reclusos usaban sus cabezas afeitadas. El pelo rapado era un símbolo de masculinidad, elemento que se vería retomado por ej por el nazismo, quien adaptó el uso del pelo muy corto y otros elementos vinculados al Imperio Romano como un eje de construcción de poder.

La policía rapaba en Europa en el s. XVIII a mujeres detenidas en defensa de las buenas costumbres. Debe considerarse que sostenidamente en la historia, era una deshonra para las mujeres no tener pelo, por lo que en caso de ser encarceladas se debían cubrir con un gorro.

Las cárceles francesas del s. XIX reivindicaban el derecho a conservar la barba y el cabello, ya que distinguía a los condenados de acusados. Este permiso fue el primer derecho para los presos en la Tercera República (régimen francés impuesto a partir de la revolución de 1789).

Asimismo, el rapado era pensado como forma de limpieza. Este fue el caso de los niños españoles en las colonias de acogida en países como Bélgica durante la guerra civil española (1936-1939): rapados para cuidarlos de los piojos. A su vez, es destacable que en el trabajo sobre la infancia y el exilio de Rico se menciona la discrminación a los niños españoles por su pelo negro y rizado, sumado a que cuando eran rapados se volvían más distinguibles y vulnerables.

Las mujeres rurales en la Rusia soviética también se rapaban por la guerra. En contraposición, en las ciudades se sostenían las peluquerías, donde estaba de moda la permanente, que era más “cultural” de acuerdo al discurso soviético, de moda a fines de 1940. Asimismo, a fines de la Segunda Guerra eran habituales las rapaduras públicas, sobre un estrado, por ej. en cráneos rapados los nazis dibujaban esvásticas. En simultáneo con otras penas, desde la Antigüedad hasta la Edad Media, se rapó a las acusadas de brujería. Juana de Arco, con su simbólico pelo corto, quien murió en la hoguera en 1431 muestra esta asociación del corte y la marginación y sometimiento.

Entonces, en base a estos ejemplos podemos esbozar una cierta tendencia al rapado (salvo excepciones vinculadas a la reafirmación de la masculinidad) como una forma de castigo y de diferenciación con fines de segregación . A su vez, tuvo objetivos higiénicos, sobre todo en momentos atravesados por la guerra. Sin embargo es interesante pensar en cómo la limpieza física era pensada también en relación a la pulcritud moral. Sobre todo fue entonces símbolo de presos, vencidos y esclavos.

Pelucas y cubiertas

 Felipe V, por Jean Ranc, 1723. Fuente: Museo del Prado . Pelucas locas.

Cuando pensamos en las pelucas, es probable que nos llegue la imagen casi cinematográfica de esas pelucas francesas gigantes y llenas de rulos. Efectivamente, existieron, y fueron usadas por los ilustrados del s. XVIII, a la que los románticos opusieron sus cabelleras reales en un enfrentamiento generacional a fines de ese siglo. No voy a detenerme en las particularidades de cada movimiento cultural, ya que lo que me importa es mostrar cómo la disputa política se daba también sobre una base estética..
La burguesía imitaría el uso de pelucas que antes de la Revolución Francesa pertenecía tan solo a la aristocracia, generalizando esta práctica estética.

Pero los franceses no fueron los únicos en taparse la cabeza. En el Mediterráneo Antiguo era habitual el uso de un velo, aunque no vinculado a una obligación religiosa, a menos que se tratara de un rito sacrificial. El apóstol Pablo, por ejemplo, en la primera epístola de los Corintios menciona la necesidad de que en las Asambleas las mujeres cubrieran sus cabezas con dicho velo. Los hombres, al contrario, debían descubrirse: “(…)pero la mujer es gloria del varón. … Por lo cual la mujer debe tener señal de autoridad sobre su cabeza” (Corintios 11:7-10). En Roma una mujer casada debía cubrir su cabeza con una pañoleta. En caso de no llevarla podía sufrir penas y ser obligada a divorciarse.

El pelo, por sestar tan vinculado a la sexualidad, podía ser tapado en una representación de la virginidad mediante el velo nupcial, que comenzó a usarse con los griegos y romanos en la Antiguedad.
A pesar de esta tendencia al recato, la historia está llena de momentos contradictorios, y entre los s. XVII y XVIII los peinados de las mujeres al contrario de lo habitual, se volvieron por norma estética ostentosos y debían estar al descubierto.

En el s XIX la cabeza cubierta se sostuvo, por ejemplo, en el sombrero de las burguesas. Este accesorio de moda, que incluía a los hombres también, era sumamente importante. Pero en este momento si te lo olvidabas en tu casa no ibas en cana, por suerte.

 Vogue de 1900. Recuperado de https://www.pdfmagaz.in/ . Se ven los sombreros propios de la burguesía. 


Incluso cubrir la cabeza se mostró como una discusión en el Concilio Vaticano II (1959) entre clérigos y religiosos, que pedían un aligeramiento de la vestimenta frente a las exigencias de una vida moderna. Spoiler: no lo lograron, al menos en ese momento.

Trenzas e identidad afro

Hay muchos, infinitos ejemplos que pueden pensarse para hablar sobre cortes de pelo. Realmente fue muy angustiante hacer un necesario recorte (ba dum tss). Por eso consideré detenerme en un último caso de gran debate en la actualidad que muestra a la perfección elementos de los apartados anteriores: las trenzas africanas.

Su uso se remonta aproximadamente hacia el 3500 a.C, siendo usadas por tribus en las que representaba religiosidad, composición étnica, edad, jerarquías y estatus, y operando asimismo como símbolo de belleza. Es decir, las trenzas nacieron como una marca identitaria muy particular y diferenciadora.

Con la conquista y esclavización que se llevó a cabo por países europeos, sobre todo Inglaterra, Francia y España entre el s.XV y XVII, las trenzas adquirieron un nuevo valor simbólico relacionado a la supervivencia, tanto física como identitaria.

En primer lugar, en los barcos donde les esclavizades africanes eran trasladades, se les rapaba el pelo, ya que como sus peinados eran muy característicos borrarlos implicaba que no se reconocieran entre grupos. Allí el rapado entra como un factor de disgregación, de eliminación y recorte de la propia humanidad.

Les esclavizades tuvieron mayor concentración en Estados Unidos, Brasil, Cuba y Colombia. Durante esta etapa, las trenzas pasaron de significar lo tradicional para adaptarse al clima de sometimiento forzosamente. Actuaban como forma de comunicación, como el caso del tejido de la trenza zigzag que representaba fuentes de agua en las rutas de escape. Es decir, el pelo implicó una resistencia de la tradición (supervivencia identitaria, reforzamiento de la pertenencia), pero también un elemento visual estratégico para lidiar con la cotidianeidad. De hecho, en ellas escondían semillas y metales, como el oro que extraían de las minas donde trabajaban.
Con la abolición de la esclavitud, el control sobre el pelo siguió vigente, ya que los ejemplos frecuentes sostenidos hasta la actualidad muestran que efectivamente el racismo está lejos de ser desterrado de las lógicas comunes.

El pelo lacio era un requisito para poder acceder a las iglesias, escuelas u otros lugares de socialización. Incluso, los descendientes de esclavizades se hacían un alisado a los 15 años que se consideraba un pasaje hacia la adultez de las mujeres, vinculado a un borramiento de la identidad. Considero profundamente relevante que el acceso a la adultez, que solemos entender como la entrada a la plena conciencia sobre la identidad, fuera gestada a través de su ocultamiento.

Entre otros casos, en 1786 en Luisiana, Estados Unidos, a las mujeres negras se les prohibió tener el pelo descubierto Había que usar un tignon (velo), y así nació la Ley Tignon, que nos traslada a la tan habitual imagen de mujeres afrodescendientes con un pañuelo en la cabeza. ¿Cómo no pensar en las miniaturas usadas decorativamente de mujeres afrodescendientes con un pañuelo en la cabeza, que encarnan lógicas represivas escondidas atrás de un argumento que se muestra estético?. Pues no, la estética es política y somete.

Con el paso del tiempo, los múltiples usos de las trenzas, vinculados a la resistencia pero también a sus primeros momentos, pasarían a significar una forma de sostener la memoria afrodescendiente. Algunos autores hacen uso del término “karimba”, que era la marca del hierro ardiente sobre las pieles de les esclavizades en señal de propiedad sobre sus cuerpos, y que hoy podría adaptarse a la necesidad forzosa de asemejarse a los blancos para ser parte de la sociedad.

Hubo también intentos de mayor inclusión desde los Estados. En Colombia la Constitución de 1991 proclamó el carácter pluriétnico de la nación y permitió un mayor estímulo de identidades como la afrocolombiana, lo cual se visibilizó en una proliferación de peluquerías, aunque se encontró con una fuerte exotización dentro de la propia sociedad hacia las mismas que iba en detrimento de una real visión integradora. Básicamente, pensar en visitar una peluquería afro como si se tratara de una excursión.

O sino encontramos el caso de Sao Paulo con las discusiones parlamentarias entre 1880 y 1890 que reivindicaban desde el oficialismo a la inmigración europea para construir a la nación. Los reclamos que nacieron de esta política dieron resultados como en 1931 el Frente Negro Brasileño. Entre múltiples reclamos, incluyeron la mención al pelo afro y su estigma: el genocidio seguía presente y era cotidano a través del silenciamiento.

Conclusiones

Admito que este artículo nació con un interés específico por el significado del rulo y decantó en una búsqueda sobre el pelo que se volvió más global de lo que deseaba. Pero creo que en ese intento radica lo rico de esta problematización: nuestros cuerpos están históricamente marcados por símbolos y lógicas.

Son campos donde se juegan algunas batallas conceptuales y otras mucho más explícitas, y hablar de un elemento como el pelo, que por lo constante de su existencia a veces nos hace olvidar su peso, es una invitación a adentrarnos en una sopa de letras de imágenes y coyunturas. Efectivamente, la cotidianeidad es política.

El pelo fue históricamente limitado: a veces ocultado, otras rapado. Otras, dejado en supuesta libertad. Me sorprendió ver una permanencia del rulo como moda, en contraposición a la estigmatización hacia el afro, mas el problema no fue el rizo, sino la ondulación no controlada, la melena despeinada, la que se asociaba a la brujería o a sexualidades fuera de la inspección rigurosa.

Quedan muchos pelos por relatar, desde los cortes asiáticos, por dar tan solo un ejemplo, hasta los pelos largos y despeinados del fenómeno del rock que las dictaduras quisieron cortar. La abundancia de información es abrumadora, pero a la vez tranquiliza. Allí está, esperando a que la encontremos para entender que todo puede ser explicado, y que puede revelar claves para entender nuestro presente.

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 Batallón de la Muerte de Mujeres. Junio de 1917 – noviembre de 1918. Autor: Karl Bulla. Fuente: http://historydoc.edu.ru  En la foto puede verse rapadas a las mujeres del batallón. 

Bibliografía

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One Comment on “El pelo en disputa”

  1. Excelente artículo, Francine! Me permito observar que faltó, quizá, una mención al rol del cabello en lo religioso. Al entrar al noviciado, las candidatas eran rapada… O las judías observan tes, que deben ser rapada al casarse y obligadas a usar gorro para que su cabello nunca más sea visto por nadie, no siquiera su esposo. Pero claramente, todo no entra en un artículo. Gracias! Y esperamos más artículos en Enraizada..

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