La Isla de Pascua se llama Rapa Nui

Por Martín Bericat

Cuando escuchamos “Isla de Pascua” (Rapa Nui en su idioma original), probablemente imaginemos las enormes estatuas de piedra que tanto la caracterizan. Y detrás de esas esculturas inmensas, se esconde la historia de los pueblos que las construyeron. Desde una de las islas más aisladas del mundo, los rapanuí lograron reconstruirse a sí mismos luego de que su memoria haya sido saqueada y su historia interrumpida.

Rapa Nui

Al hablar de Rapa Nui (Isla de Pascua) hablamos de una pequeña formación volcánica en el océano pacífico, a unos 3700 kilómetros de la costa de Chile, país al que actualmente pertenece. Con 24km de largo por 3,6 de ancho máximo, la isla cuenta con apenas 7700 habitantes en 2020.
Así de pequeña como es, fue cuna de una cultura única que se desarrolló de modo completamente aislado durante siglos. Si bien no existe información exacta sobre su poblamiento, sabemos que se dio en algún momento entre los siglos IV y XII (sí, 800 años de margen) y que sus primeros pobladores fueron tribus polinesias que llegaron en pequeñas canoas. Cabe recordar que la isla poblada más cercana se encuentra a unos 2000km.

Este primer poblamiento se ve reflejado en su mitología, que narra cómo los primeros rapanuí habrían escapado de una mítica isla llamada Hiva, luego de que esta se hundiera en el océano. En términos históricos, lo relevante de estos mitos es que dan cuenta de que los rapanuí eran conscientes de que la humanidad no había nacido en su isla, sino que ellos mismos provenían de un lugar distinto.

A partir de entonces, su sociedad se dividiría en al menos diez clanes distintos, eventualmente unidos en dos grandes confederaciones. Las relaciones entre clanes no siempre fueron buenas, y con frecuencia los problemas terminaban en conflictos armados.

Sin embargo, los conflictivos clanes rapanuí siempre mantuvieron una cosmogonía y religión en común, así como también la práctica de construir sus famosos moáis. Su importancia fue tal, que vale la pena detenerse un minuto en ellos.

Los moáis

Los moáis son estatuas antropomorfas de gran tamaño, talladas en una sola pieza de piedra volcánica, y colocados en lugares específicos de la isla. El nombre de estos monumentos puede ser traducido como “el rostro vivo de nuestros ancestros”, por lo que es probable que su función fuera canalizar el mana (energía) de los antepasados hasta el tiempo presente.

Se encontraron alrededor de 900 moáis en toda la isla. El número es sorprendente si pensamos en una población estable de unos pocos miles de personas. Y no solo sorprenden por su cantidad, sino también por su enorme tamaño. La mayoría de ellos miden entre 3 y 8 metros de alto, llegando a pesar casi 80.000 kilos. El moái más grande de toda la isla mide más de 22 metros (el equivalente aproximado a un edificio de 7 pisos), y pesa más de 200.000 kilos (el equivalente a una pila de doscientos veinticinco Fiat Uno modelo 2010).

La pregunta al observar estas cifras es inminente: ¿Cómo hicieron los rapanuí para movilizar semejantes moles de piedra a lo largo de toda la isla? Recordemos que no tenían animales de carga, ni poleas, ni cadenas, ni manejo de la metalurgia. La respuesta es historiográficamente perfecta: no tenemos demasiada idea.

Se han propuesto algunas hipótesis bastante verosímiles, y aunque ninguna llega a ser total, ofrecen una aproximación realista a la incógnita. Una de estas teorías supone que los moáis fueron acostados sobre varios “trineos” de troncos, y luego deslizados hasta el lugar indicado. La propuesta más probable, sin embargo, propone la posibilidad de un complejo trabajo con sogas, coordinando varios grupos de personas para hacer “caminar” al moái como se muestra en la imagen:

(Crédito imagen: https://n9.cl/u7sji)

Sí sabemos que las estatuas eran talladas en una sola pieza de roca maciza directamente en la cantera, y luego movilizadas hasta sus respectivos lugares. De hecho, muchos de los moáis que hoy se conocen nunca fueron terminados, dado que su construcción se abandonó repentinamente en cierto momento. Hoy hay decenas de moáis que yacen incompletos, con su cuerpo a medio emerger en la ladera del volcán.

Un descubrimiento relativamente reciente (menos de 20 años) indica la existencia de antiguos caminos o rutas que los rapanuí habrían fabricado con el solo propósito de transportar los moáis. Esto agrega más preguntas que respuestas, sobre todo por el hecho de que estas estatuas no eran solamente “apoyadas” por ahí, sino que eran prolijamente incrustadas en agujeros específicamente diseñados para ello, arriba de unas inmensas plataformas de piedra llamadas Ahu.

(imagen: Moáis incrustados en un Ahu. ¿¿¿Cómo hicieron para subirlos???.)

A menudo suele describirse a los moáis como “cabezas de la isla de pascua”. Esto es un mito bastante conocido, sin embargo, en todos los casos estas esculturas tienen cuerpos. Solo que por alguna razón, probablemente ceremonial, los moáis que no están en plataformas han sido enterrados hasta el cuello:

(Excavación en la que se descubrió el cuerpo de un moái enterrado. Nótese el enorme tamaño de la escultura en relación a las personas. Crédito imagen: https://n9.cl/u7sji)

Estos enormes cuerpos de piedra fueron construidos entre los siglos IX y XVII, para luego ser abandonados para siempre por motivos en mayor o menor medida, inciertos. Es probable que este abandono tenga una estrecha relación con los hechos que paso a narrar.

Al borde de la extinción

Entre los siglos XVI y XVII, la compleja sociedad rapanuí sufrió un colapso ecológico de proporciones catastróficas. Como dije, la isla es realmente pequeña y se encontraba totalmente aislada del resto de las culturas polinesias o americanas (1). Si bien los rapanuí tenían un sistema de agricultura bastante sofisticado, todo el registro indica que terminaron devastando los árboles nativos, y con ellos la madera necesaria para combustible y construcción de casas, canoas, herramientas, etc.

Sitiados por un mar prácticamente infinito, sin acceso a madera ni a alimentos suficientes, los clanes rapanuí se hundieron en la desesperación y la guerra civil. Muchas de las plantas y animales autóctonos se extinguieron por esos años, e incluso hay arqueólogos que hablan de la posibilidad de un canibalismo sistemático.

La población se vio diezmada, y abandonaron sus chozas para refugiarse en la seguridad de las cuevas volcánicas, al reparo de posibles enemigos. La práctica de construir moáis murió también en esos años (1650), aunque su importancia social y cultural permanece hasta hoy en día.

No han faltado analogías que comparen el caso de los rapanuí con el de la humanidad entera en pleno siglo XXI. Y es que la historia de este pueblo es tremendamente particular, pero a la vez nos habla de motivos universales. Ríos de tinta han corrido alrededor de la pregunta: ¿Vamos a terminar como los nativos de Rapa Nui? En este caso, me inclino por la opción particularista. El caso de los rapanuí es por demás específico, y si bien podemos tomarlo cual metáfora o quizás advertencia, no es comparable al de la humanidad toda.

De todos modos, la situación de colapso ecológico en aquella pequeña isla fue desgarradora, siendo quizás el registro más dramático de como un mal manejo del entorno puede llevar, sin ningún lugar a duda, a un evento de extinción.

Y para los rapanuí, lo peor estaba todavía por llegar.

Europa y el hombre-pájaro.

En esos años de crisis total, ocurrió la emergencia de una nueva práctica mítico-ritual que en parte vino a ayudar a poner fin a las sistemáticas guerras entre clanes. Esta práctica es conocida como el “culto al hombre-pájaro” o Tangata Manu.

Todos los años, representantes de diversos clanes nadaban hasta un islote cercano a la isla, trayendo consigo un huevo de las aves que allí anidaban. De más está decir que era un logro increíble: nadar a mar abierto, en un terreno pedregoso, plagado de tiburones, y además mantener entero un objeto tan frágil como un pequeño huevo.

Hay versiones contrapuestas respecto a los detalles de esta competición, pero lo importante es que quien ganara era elegido como Tangata Manu (Hombre-pájaro) por un año, ejerciendo el control político y social por sobre ambas confederaciones de clanes. La existencia de una figura de líder por encima de las divisiones locales contribuiría a un lento retorno a la paz.

De todos modos, hacia el s.XVIII la situación en Rapa Nui seguía siendo de extrema fragilidad. En ese contexto fue que en 1722, el navegante holandés Jakob Roggeveen llegó a sus costas, rebautizándola como “Isla de Pascua”, nombre que se suele utilizar hoy en día.


Aquí vale hacer una pequeña aclaración: algunos estudios (2) comprueban que hubo contactos anteriores con buques piratas británicos que, aunque tuvieran poco interés en la isla, podrían haber introducido enfermedades nuevas en Rapa Nui, y de ese modo contribuido a la catástrofe poblacional del s.XVII.

En cualquier caso, la llegada de Roggeveen marcó el principio de una serie de expediciones europeas a la isla. La más relevante de éstas sería el arribo de navíos españoles, provenientes del virreinato del Perú, en 1770. Ese mismo año la Corona Española tomó posesión formal de Rapa Nui, llamándola “Isla San Carlos”.

En ese momento, comenzaba el espiral del esclavismo y la miseria de los rapanuí.

Genocidio, esclavismo, y robo de memoria.

Cualquier carabela europea tenía más madera de la que tres generaciones de rapanuí habían visto en su vida. Eso solo ya es impactante: no podemos imaginar lo que pasa por la cabeza de una persona acostumbrada a las pequeñas canoas al ver semejante mole acercándose a su isla-mundo.
El s.XIX es conocido historiográficamente como el siglo de la construcción de las naciones. Tanto en Europa como en América, los estados-nación se construyeron a sí mismos en base a retóricas diversas, debates en el plano de la filosofía política, y cantidades variadas de conflictos armados.

En Rapa Nui, el caso fue el contrario. Su identidad y memoria fue desmembrada a fuerza de esclavismo, destrucción de patrimonio, saqueos, genocidio, y evangelización. Es difícil dar cuenta de las experiencias que caben adentro de cada una de esas palabras. Al escribir “genocidio” no logro conceptualizar de modo eficiente lo que significa: tan solo nombrarlo, y hasta eso es discutible. Así como no podemos imaginar qué pensó un rapanuí al ver un barco desde la costa, tampoco podemos imaginar lo que implicaron estos procesos. Lo que podemos hacer es registrarlos y conocerlos.

Ya desde 1805, buques esclavistas estadounidenses secuestraron decenas de personas en Rapa Nui. Una a una, diversas naciones pasaron por la isla llevándose pobladores rapanuí, y dejando a su paso arqueólogos, antropólogos, coleccionistas, naturalistas, y demás profesionales decimonónicos del arte del saquear (3). Estos exploradores se mostraron realmente impresionados por los moáis, aquellas esculturas inmensas que poblaban la isla observándolo todo. Sin embargo, poco o nada se interesaron por los constructores de dichas estatuas.

En 1862 la práctica del esclavismo se intensificó: barcos balleneros peruanos secuestraron miles de rapanuí para luego llevarlos a las plantaciones de guano en el continente. Recordemos que la población en la isla era de algunos miles de individuos: el porcentaje de esclavos era ya escandaloso.

En esos buques fueron llevados también el último hombre-pájaro, y prácticamente todos los sacerdotes rapanuí, quienes eran guardianes no solo de la memoria histórica y mítica del pueblo, sino también del rongo-rongo; el único sistema de escritura originario de Oceanía.

(Imagen: tablilla rongorongo. Véase la sofisticación de la escritura, por momentos casi antropomórfica. Algunos registros indican que la lectura no es lineal, sino que se daría vuelta la tabla cada renglón, o incluso comenzando por cualquiera de los dos extremos.)


Los sacerdotes eventualmente murieron, y con ellos la escritura del rapanuí: el rongo-rongo permanece sin descifrar hasta hoy en día.

Un año después del secuestro de estos miles de personas, diversos reclamos derivaron en que estos individuos debían ser devueltos a la isla. Tan solo 115 rapanuí fueron enviados de regreso, y la mayor parte de ellos murió en el viaje sin llegar jamás a ver de nuevo su isla. Los pocos que llegaron vivos, cargaban consigo la lepra: enfermedad que causó estragos en la población local.

Hacia fines del s.XIX, habían sobrevivido apenas unos 100 rapanuí en la isla.

“Las almas son de Dios, los cuerpos son de la empresa”

En 1868, una serie de obispos enviados desde Tahití buscó evangelizar a los sobrevivientes, con un éxito moderadamente aceptable. Su interés no estaba puesto en los rapanuí en sí, sino en sus almas: era necesarios salvarlos del castigo eterno de su paganismo.

Los misioneros terminaron con la costumbre del hombre-pájaro, prohibieron todos los ritos rapanuí tradicionales, destruyeron grandes cantidades de tablillas rongo-rongo, y establecieron una educación religiosa obligatoria. Paradójicamente, fueron también estos misioneros los que registraron sus antiguas creencias pasándolas por escrito, y permitiendo entonces su retorno a posteriori.

Al año siguiente, llegó desde Tahití la primera empresa que se instaló en territorio propiamente rapanuí. Se trata de una empresa ovejera, que buscaba utilizar la pequeña isla como un gran corral de engorde para el ganado ovino. Esto significó la destrucción total del tradicional sistema de plantación rapanuí, además de un cambio bastante radical en el ecosistema local. Ante la falta de una legislación que controle, la empresa ejerció un control total por sobre la población, a menudo a base de escuadrones armados.

Los alimentos eran monopolizados por la empresa, la lengua Rapa Nui fue prohibida, y la situación era tan insostenible que incluso los misioneros decidieron abandonar la isla unos años después.

Anexión a Chile

En 1888, Chile comenzó una pequeña expansión imperial, apropiándose en este caso de la “Isla de Pascua”. Hay algo curioso en este episodio: la ocupación no se dio por los medios usuales (es decir, por las armas) sino que se valieron de un particular “error” de traducción. Se trató de la firma de un tratado bilingüe, en español y rapanuí mezclado con tahitiano, que garantizaría la soberanía chilena por sobre el territorio. Sin embargo, el texto en español hablaba explícitamente de cesión de soberanía, pero su versión en rapanuí (firmada por el líder Akanu Tekena) no era clara; la traducción era ambigua y hablaba más bien de una amistad.

(Imágen: cartel en Hanga Roa que da cuenta de la vigencia de los reclamos Rapanuí)

En cualquier caso, y si bien el documento ha sido largamente criticado, la isla pasó a ser chilena y la cuestión para los rapanuíes no cambió demasiado. La gobernación chilena permitió el alquiler de las tierras a la empresa británica William & Balfour (Compañía explotadora de la Isla de Pascua), quienes mantuvieron la política anterior.

Pero hubo algo que los británicos introdujeron como novedad: el campo de concentración. Los rapanuí de la isla fueron forzados a vivir en una pequeña población denominada Hanga Roa (que actualmente es la capital y única ciudad en Rapa Nui), sin posibilidad de libre circulación, caza, ni siembra. El campo fue cerrado con paredes de piedra, y los rapanuí vivieron durante décadas en esa condición, agravada por el esparcimiento de la lepra.

Vemos una continuidad radical en las prácticas pre y post anexión de Chile. A pesar de varios levantamientos rapanuí, como el liderado por María Angata en 1914, la situación seguiría prácticamente igual hasta la década de 1950.

Reconstruirse

Para concluir esta historia, que claramente puede ampliarse y los invito a buscar más detalles y relatos al respecto, vale la pena mencionar el inmenso proceso de reconstrucción que ha vivido la comunidad rapanuí.
Con su población diezmada, sus raíces y tradiciones olvidadas, su escritura perdida, forzados a vivir en Hanga Roa en condición de semi-esclavitud, su idioma prohibido, su territorio usurpado… así y todo, los rapanuí siguen ahí.

Y esto es gracias a un inmenso proceso de reconstrucción de la propia identidad, sobretodo en el s.XX, y de la mano de levantamientos como el de Alfonso Rapu en 1964. Mucho de su cultura se ha perdido y no es recuperable. Sin embargo, en base a algunas tradiciones orales, descubrimientos arqueológicos, y una lectura atenta de los textos de misioneros y exploradores europeos, este pueblo ha logrado construir de nuevo su propia nación.

Su historia y memoria fue interrumpida por un proceso que no solo atacó los cuerpos sino también la cultura. El caso rapanuí nos habla de una voluntaria construcción de un nosotros que había sido usurpado: una compleja arquitectura identitaria que persiste hasta hoy en día.

Los rapanuí siguen reclamando su derecho a la tierra, combinando lo que han logrado recuperar de su tradición, con el lenguaje propio de la construcción jurídica de las naciones modernas. Hoy existen incluso diversas asociaciones dedicadas a la sistematización y recuperación de su lengua, esa que por tantas décadas había sido prohibida, a la vez que reclaman el retorno de los moáis exhibidos en museos del mundo. Todavía queda mucho por hacer en aquella isla que todos los años el número de turistas supera quince veces la población estable.

Por otro lado, la arqueología sigue descubriendo nuevas líneas de trabajo. Hay incluso teorías que proponen evidencia de familias rapanuí que habrían podido mantenerse al margen de toda la colonia, escondiéndose en sus cuevas durante décadas.

Es importante entender que detrás de esos moáis está la historia de quienes los construyeron, y sigue siendo posible romper con aquella tradición de viajeros del XIX que se interesaba mucho por los objetos, y poco por la gente. El turismo a conciencia empieza cuando no nos olvidamos de lo que pasó en la Isla de Pascua.

~

[Agradezco particularmente la buena voluntad de la Corporación Cultural Rapa Nui (Hanga Roa), quienes me ayudaron recomendando textos y documentales para la redacción de este artículo]

Notas:

  • (1): Algunas crónicas españolas durante la conquista del Perú, como las escritas por Pedro Sarmiento de Gamboa, Martín de Murúa y Miguel Cabello Balboa, mencionan que Tupac Yupanqui (Inca) habría hecho un viaje con balsas descubriendo varias islas del pacífico. Se ha planteado la posibilidad de que una de esas islas sea Rapa Nui.
  • (2): Ver Schávelzon, D. (2016) “Las delicias del soltero: el paradigma de Pascua y una hipótesis sobre el colapso en el siglo XVII”, Oxford: Archaeopress Publishing Ltd. pp. 25-36
  • (3): “Decimonónico” significa “Del siglo XIX”. Por suerte, tanto la arqueología como la antropología y otras disciplinas de las Cs. Sociales han abandonado los paradigmas que se critican en este texto.

Bibliografía:

  • Depetris Chaubin, I. (2018). “Mirar, escuchar, tocar. Políticas y poéticas de archivo en Tierra Sola (2017) de Tiziana Panizza”, 452F, Vol. 18, pp. 106-129
  • Hotus, A. (1992). “Población indígena y medio ambiente. Isla de Pascua (Chile). Rapa Nui”. Recuperado de https://web.archive.org/web/20060716000154/http://www.iorana.net/artics08_ah2.htm
  • Hotus, A. (1998). “Histórica violación de derechos humanos del pueblo Rapa Nui”. Recuperado de: https://web.archive.org/web/20060718040115/http://www.iorana.net/artics08_ah1.htm
  • McLaughlin, S. (2004). “RongoRongo and the rock art of Easter Island”, Rapa Nui Journal, Vol.18 (2), pp.87-95
  • Schávelzon, D. (2016) “Algunas observaciones en la isla a las que no tenemos respuestas”, en Arqueología en Rapa Nui (Isla de Pascua), Silveira M. (Coord.). Oxford: Archaeopress Publishing Ltd. pp. 80-92
  • Schávelzon, D. (2016) “De humanos a objetos arqueológicos; Pierre Loti en la Isla de Pascua (1872)”, en Arqueología en Rapa Nui (Isla de Pascua), Silveira M. (Coord.). Oxford: Archaeopress Publishing Ltd. pp. 37-44.
  • Schávelzon, D. (2016) “Las delicias del soltero: el paradigma de Pascua y una hipótesis sobre el colapso en el siglo XVII”, en Arqueología en Rapa Nui (Isla de Pascua), Silveira M. (Coord.). Oxford: Archaeopress Publishing Ltd. pp. 25-36
  • Schávelzon, D. e Igareta, A. (2016) “Acerca de la destrucción de la identidad y la independencia en Rapa Nui”, en Arqueología en Rapa Nui (Isla de Pascua), Silveira M. (Coord.). Oxford: Archaeopress Publishing Ltd. pp. 17-25

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