Yugoslavia: La última gran Guerra europea

Por Gastón Mazzaferro

Introducción

Existen fronteras que nos separan con regiones que desconocemos o en las cuales nos ubicamos con dificultad. Pueden ser de las más variadas y todxs nos topamos con ellas de manera frecuente: ya seas un porteño que pasa la Gral. Paz y se pierde o alguien que solo desconoce lo que está del otro lado de la frontera política de su propio país. Todxs desconocemos algún lugar escindido por una línea convencional o imaginaria.

En este caso, vamos a hablar de un lugar europeo. Pero que para la gente del común es ajeno a pesar de que muchas veces sabemos más sobre Europa que sobre nuestro continente. Alemania podría ser la frontera que divide lo que conocemos y no conocemos del continente europeo. Más allá de ella, nos encontramos con lo que podríamos llamar Europa Oriental y allí — este va a ser nuestro objeto — lo que alguna vez supo ser Yugoslavia.

Nuestros contactos con este ex-Estado y lo que quedó de él es generalmente escaso. Para los nacidos en la última mitad de los ‘90 y principios del 2000, quizás nuestra primera aproximación inconsciente haya sido a través de la serie Drake y Josh.

Lo que voy a decir es rarísimo, pero leyendo sobre el tema termine recordando el capítulo en el cual Yooka, la novia virtual de Josh, visita los Estados Unidos. Yooka pertenecía a una nación ficticia llamada Yudonia — nombre que podría ser tranquilamente una síntesis entre Yugoslavia y Eslavonia — y presentaba un acento y fisionomía de una típica persona eslava. De más está decir que ningún país de la ex Yugoslavia considera que las cabras son dioses, ni celebran extrañas bodas como la que Josh le organizó accidentalmente a Yooka y a Drake. Si, me vi todo el capítulo para escribir este artículo.

Para el resto de lxs argentinxs los contactos con los países que pertenecieron a Yugoslavia fueron por lo general mediante el fútbol. Los mundiales son una buena forma de ubicar países que desconocemos y esta no es la excepción. Pocos conocíamos la existencia de Bosnia-Herzegovina antes de que se enfrente a la Argentina en el mundial 2014 y muchos se sorprendieron cuando en la fase de grupos del mundial 2006 tocó enfrentarse con un equipo que agrupaba a dos naciones como Serbia y Montenegro.

En fin, en este artículo hablaremos un poco sobre Yugoslavia. Sobre todo, de su trágico final: las conocidas Guerras Yugoslavas, cuya consecuencia fue centenares de miles de muertos y millones de desplazados y refugiados. Algo sorpresivo, teniendo en cuenta que sucedió a finales del siglo XX en un continente que no tenía grandes enfrentamientos desde la segunda guerra mundial.

Ubiquémonos

Cuando hablamos de los Balcanes nos estamos refiriendo a una península situada en el sudeste europeo que comprende a doce de los actuales estados de ese continente: Albania, Bulgaria, Grecia, Rumania, Turquía, Bosnia-Herzegovina, Croacia, Eslovenia, Kosovo, Macedonia, Montenegro y Serbia. Son estos últimos siete países los que supieron formar parte de Yugoslavia, primero en forma de reino y luego en forma de República Federativa Socialista.

Los orígenes de Yugoslavia están en el año 1918 cuando, tras la primera guerra mundial, Serbia lograría ampliar su territorio tras la disolución del Imperio Otomano y del Astro-hungaro. Nacería entonces la “Unión de Serbios, Croatas y Eslovenos”, encabezada por su rey Aleksandr Karadjordjevic.

Aquí el primer problema que podemos mencionar: Yugoslavia fue, desde su inicio, un Estado fuertemente heterogéneo étnicamente hablando. El espacio Balcanico se caracterizaba por su gran diversidad de etnias, lenguas, religiones y culturas.

Nos encontramos lógicamente con una gran cantidad de serbios y croatas, pero también de otras nacionalidades. El aspecto religioso sin duda también será diverso. La gran mayoría de la población era cristiana ortodoxa, peroaproximadamente un 20% era musulmana y un 11% católica. Lo esencial de esto — que será el principal problema cuando llegue el momento de la disolución a finales del siglo — es que todas estas etnias y religiones se encontraban mezcladas.

Es decir, nos encontraremos con serbios distribuidos a lo largo de todo el territorio de Yugoslavia y no solo en la unidad territorial que le corresponderá a Serbia. Lo mismo sucedió con las otras nacionalidades: gran cantidad de Croatas en Bosnia, de Bosnios en Serbia y así sucesivamente.

Primeras décadas: del Reino a la Yugoslavia de Tito

Los inicios de Yugoslavia fueron, sin dudas, problemáticos. En el año 1929, el rey Aleksandr I abolirá la constitución, disolviendo el parlamento e inaugurando un régimen autoritario llamado “Reino de Yugoslavia”, controlado fundamentalmente por los serbios. Tan solo 5 años después el rey sería asesinado y reemplazado por Petar II, quien tenía tan solo 11 años. El gobierno lo ejercería su primo Pavle, en un contexto de creciente nacionalismo croata.

Entendamos el contexto, nos encontramos en los inicios de la década del ‘30. Estamos en el periodo de entreguerras: en Italia nace el fascismo, en Alemania está emergiendo el nazismo y, en Estados Unidos, la bolsa de Nueva York está quebrando generando la peor crisis económica a nivel mundial del siglo XX. En tal escenario, la situación de la naciente Yugoslavia no sería menos convulsa.

En 1939, estallaría la segunda guerra mundial. Frente a esto, Pavle declarará neutralidad, pero posteriormente formará parte del pacto entre Alemania, Italia y Japón. No obstante, rápidamente un golpe militar lo depondrá y situará en su lugar al joven Petar II, quien repudiará el pacto. La consecuencia será que, en abril de 1941, Alemania le declararía la guerra a Yugoslavia. Comenzará una invasión militar que encontrará su apoyo en el regimen de los ustaches croatas — grupo fuertemente nacionalista y abiertamente racista — liderado por Ante Pavlic.

No obstante, los alemanes se encontrarán con una fuerte resistencia, sobre todo en Serbia.

Habría dos grupos guerrilleros de relevancia en Serbia: los chetnik — un grupo nacionalista conservador — y los partisanos, de inspiración comunista. De estos últimos surgirá la figura más relevante de los próximos 40 años: Josip Broz, mejor conocido como el Mariscal Tito.

Será la guerrilla partisana, con apoyo de los aliados, la que liberará a Yugoslavia, sentando las bases, en el año 1945, del Estado Federal.

(Liberación de Belgrado)

Estructura de Yugoslavia

A partir de 1945, nos encontramos con la “Segunda Yugoslavia” dirigida por el Mariscal Tito. La nueva organización política que tendría desde ese momento será un tanto particular. Si por un lado la nueva estructura tenía ciertos rasgos autoritarios — como la existencia de un único partido llamado Liga de los Comunistas — por el otro lado el poder se encontraría fuertemente descentralizado.

La gran mayoría de las decisiones no estarán en las manos del gobierno federal, sino en las Repúblicas autónomas que conformaban la federación: Bosnia-Herzegovina, Croacia, Eslovenia, Macedonia, Montenegro y Serbia.

En este sentido, podemos afirmar que Yugoslavia acabó apelando a una “tercera vía” respecto a los modelos que se impondrán durante la guerra fría en el resto del mundo. Mencionemos aquí que, a pesar de su comunismo, este estado balcanico no formará parte del bloque socialista, sino que se aliará con los países no alineados, acercándose al Tercer Mundo (1).

La estructura burocrática será un tanto particular en ese sentido: la política de planificación centralizada será “flexible”. Las decisiones fundamentales estarán en la federación, pero las unidades autónomas que ya mencionamos tendrían una fuerte autonomía tanto cultural como económica.

Esto se vio expresado en los aspectos tanto fiscales como militares. En cuanto a los primeros, la federación recolectaba las tasas aduaneras, pero la gran mayoría de impuestos eran recolectados por las unidades autónomas. En cuanto a los aspectos militares, es llamativo el hecho de que no solo existía un ejército federal, sino que también cada República contaba con sus “unidades de defensa territorial”,de carácter fuertemente militar.

Este aspecto descentralizado acabará favoreciendo el desarrollo desigual de Yugoslavia, produciendo un fuerte contraste interno. Para inicios de la década del ‘80, Eslovenia y Croacia tenían una renta per cápita superior al 100% y 23 % respectivamente del resto de la federación. A pesar del fuerte crecimiento que atravesó el país en ese año, la brecha entre las zonas desarrolladas y subdesarrolladas no parará de crecer.

Para solucionar esto, se estableció un fondo de redistribución del ingreso desde las repúblicas desarrolladas a las menos desarrolladas. Por naciones menos desarrolladas se entendían a Bosnia-Herzegovina, Montenegro y Macedonia, a las cuales debemos sumar a Kosovo, declarada provincia autónoma junto a Voivodina en el año 1974.

La idea era crear un fondo entre todas las regiones de Yugoslavia que financiará el desarrollo de las zonas menos desarrolladas. En este sentido, todas las Repúblicas autónomas aportaban al mismo, pero había cuatro que, por entenderse que ya estaban desarrolladas, no recibían una parte: Croacia, Eslovenia, Serbia y Voivodina. La presión sobre estas tres repúblicas — y en menor medida la provincia autónoma de Voivodina — también será importante en el desenlace de la guerra, pero ya llegaremos a ello

Ahora bien, ya mencionamos que el territorio yugoslavo era, ante todo, heterogéneo respecto a su población. ¿Como se resolverá la cuestión nacional a partir del ‘45? Bueno, el sentimiento de vivir en una comunidad común entre estas naciones será escaso. Por el contrario, habrá una importante tolerancia cultural en este periodo que favorecerá el desarrollo de nacionalismo internos. Esto se acrecentará con la ya mencionada constitución del ‘74, creando identidades nacionales propias en Kosovo y Voivodina, independientes ahora de Serbia.

El aspecto nacional será, quizás, el más relevante en el estallido bélico.

(Famosa foto de Vedran Samilovic tocando su chello en la libreria nacional de sarajevo tras un bombardeo)

El camino a la guerra

En el año 1980, el Mariscal Tito fallecería y, tras su muerte, las tensiones existentes entre las distintas Repúblicas saldrán a la luz. Durante la crisis económica, en el cual el rendimiento productivo y comercial se encontraba en declive mientras crecían las dificultades laborales, la autogestión de las repúblicas y el federalismo se acentuaría, dando lugar a un crecimiento de los sentimientos localistas.

En este sentido, lo que harán las autoridades locales de cada República será buscar la preservación de sus intereses. Lo que esto producirá será el fracaso de cualquier intento de reforma económica. Si las autonomías crecían, la coordinación en economía se dificultaba y la legitimidad del sistema federal se erosionaba. Esto dió lugar a un aumento mayor de los localismos y del autogobierno.

Pero todo terminará de explotar por los aires cuando, en el año 1987, una nueva figura asuma la secretaría de la Liga Comunista de Serbia. Estoy hablando de Slobodan Milosevic.

Este nuevo dirigente serbio era ante todo un nacionalista autoritario. Para consolidarse en el poder, apeló a la idea de la “Gran-Serbia”. Según esta idea, la existencia de Yugoslavia había resultado siempre en un perjuicio para Serbia. Esto se podía observar — según este discurso — en la creación de Repúblicas supuestamente artificiales — como Bosnia-Herzegovina, Macedonia y Montenegro —, en una supuesta usurpación eslovena de los territorios serbios y, sobre todo, en la creación de las provincias autónomas de Kosovo y Vojvodina.

A estos factores les debemos sumar lo referido a la redistribución de las riquezas mencionadas en el apartado anterior. Estas no solo perjudicaban a Serbia, sino a Croacia y Eslovenia que también lentamente decidieron apostar al abandono del Estado Federal en favor de sus propios intereses económicos.

El proyecto de Milosevic era, inicialmente, preservar el estado federal, reajustandolo para beneficiar a Serbia. Pero, dado las tensiones que estaban aflorando en el resto de las repúblicas, debía tomar una decisión. ¿Iba a buscar preservar el Estado Yugaslavo o iba a reconocer el derecho de secesión de las repúblicas que lo desearan? La respuesta no era tan fácil, ya que preservar el sistema federal hubiera implicado intervenir militarmente Croacia y Eslovenia.

Bueno, a lo que acabó apelando Milosevic fue a una tercera vía: reconoció las respectivas independencias, pero a la ruptura del sistema federal desplegó una política de “limpieza étnica” que implicaba la “liberación” de aquellos territorios en los cuales los serbios tuvieran una presencia significativa.

Es decir, si como venimos mencionando, los distintos grupos étnicos no coincidían con las fronteras de las repúblicas, la decisión de Milosevic acabaría siendo invadir a aquellas repúblicas que, teniendo a muchos serbios entre sus habitantes, decidieran independizarse.

La guerra era, ahora sí, inminente.

La independencia croata y el inicio de la guerra

En 1990, tras distintas propuestas para reformar el Estado Yugoslavo que fueron rechazadas por los nacionalistas serbios, comenzarían a suceder distintos referendos de autodeterminación en varias de las Repúblicas autónomas yugoslavas. Los resultados fueron tajantes: tanto Eslovenia como, luego, Croacia, Macedonia y Bosnia-Herzegovina, habían decidido que era momento de independizarse.

Frente a esto, las autoridades serbias reaccionaron de distintas maneras: por un lado, aceptarían la independencia de Eslovenia, pero buscarían controlar militarmente aquellas repúblicas en las cuales los Serbios eran una parte de la población importante: en específico, Croacia y Bosnia. Otra de las medidas que tomarán será la de crear una federación con Montenegro que permitiese mantener la ficción de que Yugoslavia seguía existiendo.

Finalmente, en junio del ‘91, los parlamentos de Eslovenia y Croacia declararían su independencia. Respecto a la primera, solo sucedió un breve enfrentamiento entre las unidades de defensa republicanas y el ejército de la federación que buscaba controlar la fronteras. La independencia eslovena sería reconocida rápidamente.

Respecto a Croacia, las cosas no serían tan sencillas. ¿Por qué? Porque a diferencia de Eslovenia, en Croacia había una significativa presencia serbia, en particular en dos regiones: Eslavonia — donde entre un 30% y 40% de los habitantes eran serbios y Krajina — donde aproximadamente un 60 % de la población era serbia.

Esas regiones venían siendo problemáticas para los croatas desde hacía ya dos años y, en el año ‘90, esto se expresaría en que tanto Krajina como Eslavonia buscarían declararse como regiones autónomas. Las autoridades croatas reaccionaron negándose a reconocerlas como tales y en paralelo declararon a todos los ciudadanos serbios como una mera minoría, despidieron a muchos de ellos de la administración pública y buscaron adquirir armas en el exterior dándole la excusa perfecta a las autoridades yugoslavas para intervenir.

En junio del ‘91, todo terminará de estallar: milicias serbias respaldadas por el ejército yugoslavo procedieron a ocupar casi sin problemas Krajina y casi toda Eslavonia. Como consecuencia, llegando a diciembre, el territorio croata quedó prácticamente partido en dos, lo que hizo que el gobierno croata apelará a un rearme con el fin de recuperar los territorios perdidos que recuperará tanto militarmente — la Krajina en el ‘95— como diplomáticamente— mediante un acuerdo con Serbia en el año ‘98 —.

(Vukovar, Croacia, 1991)

Mientras tanto, en esos territorios comenzó a darse lo que sería conocido como limpieza étnica, una constante en este enfrentamiento: todo aquel que no perteneciera al grupo etnico propio era expulsado del territorio o aniquilado. La consecuencia de esto fue la migración masiva de refugiados y centenares de miles de muertes.

Sin embargo, si hay un lugar donde esto se aplicó masivamente es Bosnia-Herzegovina.

Independencia, invasión y limpiezas étnicas: el caso bosnio

Algo,
Se está cayendo…
Es ese cielo,
Sobre Bosnia…
Luis Alberto Spinetta, 1994

La guerra serbo-croata terminaría oficialmente en el año 1995. Sin embargo, los principales objetivos serbios se habían cumplido ya en el año 1991: con la ocupación de Krajina y Eslavonia se produjo un parcial alto al fuego. La ocupación de estas regiones le presentaba una ventaja a los serbios: ahora se encontraban en posesión de territorios que les facilitaría lanzarse a la conquista sobre Bosnia. Pero antes de meternos en eso, veamos en qué andaban en ese país.
En 1992, Bosnia-Herzegovina había tenido su propio referendo de autodeterminación, como ya hemos mencionado. El resultado fue en favor de la creación de una república independiente y multiétnica. El gobierno bosnio se había presentado a favor de la preservación de Yugoslavia. En base a eso, buscó preservar un equilibrio entre los distintos grupos étnicos que incluía la presencia de sus partidos en sus instituciones. Una de las máximas expresiones de ello sería la presidencia: en esta participaban tanto bosnios como serbios y croatas. Además, había decidido prescindir de sus unidades de defensa territorial, apostando al desarme general. Sin embargo, frente al avance serbio, Bosnia había decidido su independencia.

Cuando esto sucedió, buena parte de la población serbia se resistió, los diputados de esa nacionalidad abandonaron el parlamento, intentaron realizar un golpe de estado y fundar un poder legislativo propio. Mientras tanto, milicias serbobosnias con el apoyo del ejército yugoslavo se lanzaron a un ataque que resultó en la ocupación de gran parte del territorio. A esto debemos sumar el papel de Croacia: en el año 1993 el presidente croata Tudjman se lanzó al “rescate” de los croatas que vivían en Herzegovina. Todo esto, sumado al hecho ya mencionado de que Bosnia no contaba con sus unidades de defensa, resultó en una ocupación del 70% del territorio bosnio.

Niño juega en las ruinas de Sarajevo, Bosnia.

La consecuencia: limpiezas étnicas en grandes regiones: una cantidad masiva de la población bosnia debió buscar refugio en otros lugares de la república o incluso en Croacia — si es que se encontraban en una región ocupada por los serbios —. Sin embargo, en Herzegovina occidental, las milicias croatas acabaron impulsando también sus propias limpiezas étnicas sobre los bosnios y serbios que allí vivían.


Los números horrorizan-

Las cifras de muertos ondulan entre los 150 mil y 200 mil, la mitad de la población se vio obligada a buscar refugio y entre 20 mil y 40 mil mujeres, sobre todo bosnias, fueron violadas. Esto último es algo que siempre se ha destacado como una de las consecuencias más terribles de la guerra sobre Bosnia. Pero debemos mencionar que las mujeres bosnias no solo fueron víctimas pasivas de los acontecimientos, sino que, por el contrario, las mismas se organizaron para reclamar a favor de la paz y, dentro de esa organización, fueron fundamentales para la reconstrucción de los lazos comunales que se vieron afectados por la guerra que finalizó en el año 1995.

En el año 1994, ya el gobierno bosnio y croata habían puesto fin a los enfrentamientos fundando la Federación Bosnio-Croata, una especie de Estado federal, con un poder legislativo común y un principio de rotación en la presidencia. Pero la paz definitiva llegará con el acuerdo de Dayton, en el cual, con la intervención de la distintas potencias occidentales, se decidió que la independencia de Bosnia se mantendría pero dividida en dos entidades: la Federación de Bosnia-Herzegovina — que comprendería el 51% del territorio — y la República Serbia de Bosnia, que ocuparía el otro 49 %.

La paz había llegado así no como una decisión de los actores que intervinieron, sino de las circunstancias. El acuerdo de Dayton acabó por legitimar las ocupaciones serbias y croatas en territorio de un Estado que era, en ese momento, independiente y democratico.

(Bosnia tras el acuerdo de Dayton: en azul, la federación de Bosnia-Herzegovina; en rosa, la República serbia de Bosnia.)

El caso de Kosovo

Observemos ahora el caso de Kosovo. Ya mencionamos que, a partir de 1974, esta provincia, antes perteneciente a Serbia, sería declarada autónoma. Su población era también algo heterogénea: aproximadamente el 90% de los habitantes eran albaneses, mientras el 10% restantes era serbio.

Ahora bien, Kosovo representaba para Serbia algo distinto que lo que significaban Bosnia y Croacia. No solo había una cantidad significativa de serbios allí, sino que el mito fundacional de la nación Serbia — es decir, aquel acontecimiento en el cual se considera que la nación ha nacido — había sucedido en Kosovo, en una batalla celebrada en el año 1389.

Por otro lado, existía una tensión muy fuerte entre los habitantes de Kosovo — que de ahora en más llamaremos albanokosovares — y los serbios. Mientras que desde el inicio, los primeros habían reclamado dejar de pertenecer a Serbia para ser declarados también una república; los segundos, buscaban poner fin a la autonomía que se le había otorgado en el año 1974.

Y, efectivamente, esto sucedería entre el año 1989 y 1990. En esos años, mediante distintos métodos, la autonomía de Kosovo llegó a su fin: se realizó una purga a La Liga de los Comunistas de este país, su gobierno y parlamento fueron disueltos, se despidió a gran parte de los albanokosovares de sus empleos y la represión sobre ellos se acrecentó dando lugar a muertes y detenciones arbitrarias. Las violaciones a los D.D. H.H. por parte de las autoridades serbias empezó a ser la norma.

Durante los primeros años, la población de Kosovo reaccionó llevando a cabo un movimiento de desobediencia civil no violento. Este tuvo dos objetivos: formar un estado autónomo en paralelo que diera una respuesta a los albanokosovares expulsados de la economía pública; y hacerlo de forma no violenta para ganar el apoyo de la opinión pública internacional.

Sin embargo, todo comenzaría a cambiar en el año ‘97. En un contexto, posterior al acuerdo de Dayton, en el cual la figura de Milosevic se vio enaltecida en Serbia y se asomaba la posibilidad de expulsar a la población albanesa de Kosovo, la percepción será que el movimiento de desobediencia civil no estaba dando fruto alguno. La juventud le empezó a dar la espalda a la resistencia no violenta: nacería el Ejército de Liberación de Kosovo (ELK).

A partir de marzo del ‘98, comenzarían los enfrentamientos entre estos últimos y la policía serbia. La represión solo irá, en consecuencia, en aumento y miles de albanokosovares comenzarán a ser expulsados sistemáticamente de sus hogares.

No obstante, el conflicto parecía haber llegado a su fin en octubre de ese mismo año. El acuerdo de paz implicaba un periodo de tres años de normalización que le diera a Kosovo de vuelta su condición de provincia autónoma. Sin embargo, el pacto no fue respetado y en el año siguiente el conflicto retomaría su cauce.

Pero, a partir de aquí la guerra involucrara a un tercer actor: la OTAN. Con el objetivo de ponerle fin al enfrentamiento, esta organización empezará a bombardear objetivos militares y civiles serbios. El objetivo era que el gobierno de dicho país aceptara el acuerdo de paz ya mencionado. Las consecuencias inmediatas fueron, no obstante, un aumento de la represión por parte de los serbios a los albanokosovares que debieron huir masivamente a Albania y Macedonia.

(En Kosovo, un hombre observa consternado las ruinas.)

Los bombardeos acabarían cumpliendo sus objetivos y, en junio de 1999, las autoridades serbias debieron firmar un nuevo acuerdo de paz no muy diferente al anterior. El conflicto se resolvía así sin independencia kosovar, pero con nuevos problemas: miles de albanokosovares debían volver a sus hogares, ahora destruidos y sin recursos para ponerse nuevamente en pie.

Palabras finales

Las guerras yugoslavas fueron una verdadera catástrofe con centenares de miles de muertes y millones de desplazados. Aquí tratamos de describirlas brevemente, sin recaer en amarillismos y golpes bajos. Sin embargo, dado lo extenso del tema, nos quedaron algunos aspectos en el tintero: queda pendiente describir el caso macedonio, con su independencia temprana y su conflicto armado iniciado el nuevo siglo. Queda hablar también del rol que jugó la comunidad internacional en todo el conflicto, algo pudimos asomar cuando describimos los casos de Bosnia y Kosovo, pero igual nos quedamos cortos.

Nos quedan pendientes algunas cosas posteriores al conflicto. En primer lugar, los juicios posteriores en el Tribunal de La Haya y sus consecuencias. Pero también, la separación de Serbia y Montenegro en el año 2006 y la independencia de Kosovo en el año 2008.

Finalmente, quiero aclarar algo: las formas en las que actuaron los grupos étnicos nunca fueron homogéneas. Existieron serbios, residentes en Bosnia, que apoyaban abiertamente al gobierno de dicho país. Lo mismo en Croacia y también en Kosovo. Por lo general, esto es siempre más complejo. El caso yugoslavo no fue la excepción.

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Bibliografía

  • Aguilera de Prat, C. (1994). Los nacionalismos en la desintegración de Yugoslavia. Afers Internacionals, 27, 77-93.
  • Arias, T. C. (2018). La desintegración de Yugoslavia. Madrid, España: Los Libros de la Catarata.
  • Dinko Dubravčić (1993) Economic causes and political context of the
    dissolution of a multinational federal state: The case of Yugoslavia, Communist Economies and Economic Transformation, 5:3, 259-272, DOI: 10.1080/14631379308427758
  • Korac, M. (2006). Gender, conflict and peace-building: Lessons from the conflict in the former Yugoslavia. Women’s Studies International Forum, 29, 510-520.
    Notas

Notas

1: Aquí vale la pena realizar una aclaración: por Tercer Mundo, nos estamos refiriendo al bloque de países que, durante la guerra fría, no se alinearon ni con los Estados Unidos (Primer Mundo), ni con la Unión Soviética (Segundo Mundo), sino que formaron un grupo neutral.

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One Comment on “Yugoslavia: La última gran Guerra europea”

  1. Excelente Ilustracion, muy poco se conoce por acá en Ecuador, sobre este tema en profundidad. Que pena que las diferencias religiosas, raciales, etc, e intereses, llevaron a este hecatombe humana. Por que no podemos vivir en paz los seres humanos.

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