¿Viajaron los Incas por Oceanía?

por Martin Bericat

Cuando los cronistas españoles recorrieron el territorio incaico registrando historias, una de ellas llamó bastante su atención: la del Inca Tupac Yupanqui navegando hacia islas lejanas. Sorprendidos, pero no disuadidos, plasmaron el relato en sus escritos sin darle más vuelta al asunto.

Años después, los historiadores se encontraron con dichas crónicas y estuvieron, quizás, igual de escandalizados que yo al enterarme de que los pueblos andinos eran también marineros de altamar. La pregunta que recorrió sus trabajos es la misma que nos ocupa ahora… ¿Es verdad que Tupac Yupanqui atravesó el Océano Pacífico en el siglo XV, antes de la llegada de los españoles?

Esbozar una respuesta nos obliga a caminar por esa delgadísima línea que separa los hechos, las pruebas y evidencia de la leyenda, la conjetura, y hasta la más insoportable de las teorías conspirativas. Para mantenernos de este lado de la línea haremos un recorrido por las investigaciones que se han hecho hasta ahora y las distintas explicaciones que han propuesto para el asunto. Por supuesto, el tema no está completamente definido y año a año aparecen nuevos trabajos que agregan complejidad a la cuestión.

Hay quienes afirman que los viajes son puro mito y jamás podrían haber sucedido. Otros suponen que el Inca Tupac sí zarpó desde la costa, pero arribó solamente a islotes cercanos, quizás incluso hasta las Islas Galápagos. Desde hace algunas décadas que aparecen investigaciones que afirman que los incas navegaron hasta Rapa Nui (Isla de Pascua)… ¡E incluso hasta lo que hoy es la polinesia francesa, a más de 5000km de la costa peruana! Veremos qué argumentos ofrece cada tesis.

Adentrarnos en esta historia, relativamente poco trabajada, nos invita a desplazar el Atlántico del centro de nuestro planisferio para situarnos en otro escenario: el Océano Pacífico, esa monumental masa de agua que aunque insistamos en relegar a los bordes, sigue siendo un tercio de la superficie de nuestro planeta. Y aun así, aparentemente, fue posible atravesarlo.

Primeras menciones al viaje

Como dijimos, sabemos de la supuesta aventura del Inca Tupac Yupanqui (1441-1493) gracias a la tradición oral andina, que fue a su vez registrada por cronistas españoles que recorrieron el Perú. La mención más importante se la debemos a Sarmiento de Gamboa, marino y cosmógrafo portugués enviado a escribir una historia del recientemente derrotado Tahuantinsuyu.

En sus textos menciona que “navegó Topa Inga y fue y descubrió las islas Auachumbi y Niñanchumbi, y volvió de allá, de donde trajo gente negra y mucho oro y una silla de latón y un pellejo y quijadas de caballo; los cuales trofeos se guardaron en la fortaleza del Cuzco hasta el tiempo de los españoles. (…) Tardó en este viaje Topa Inga Yupangui más de nueve meses –otros dicen un año-, y, como tardaba tanto tiempo, todos lo tenían por muerto”.

Este pequeño párrafo carga una cantidad monumental de información que podemos separar en dos preguntas. Primero: ¿Cuáles son las Islas a las que supuestamente llegó el Inca? Y segundo: ¿Cómo es posible que trajera de regreso “gente negra”, “mucho oro”, “una silla de latón” y “quijadas de caballo”? Nada aparentaría tener sentido.

(Ilustración de Tupac Yupanqui)

Un modo perfectamente válido de reaccionar a los dichos de Gamboa sería negarlos, acusándolos de falsedad o invento. La perspectiva es tranquilizadora, y nos ahorraría el trabajo de averiguar de dónde diablos sacaría el Inca “gente negra” y caballos.

Pero no podemos esquivar el problema: Miguel Cabello Balboa, otro cronista, escribió por esos mismos años una crónica titulada Miscelánea Antártica, en la que asegura que el Inca se “metió en el Mar y Descubrió las ínsulas llamadas Hagua Chumbi y Nina Chumbi y trujo de allá Yndios prisioneros de color negra, y mucho oro y plata, y más una Silla de latón, y cueros de animales como Cauallos“.

Ignorando el hecho de que el español del siglo XVI es bastante molesto de leer, cabe destacar que Cabello escribió estas líneas casi al mismo tiempo que Gamboa, solo que en otro lugar del Perú y sin saber de los descubrimientos del otro.


A la vez, en un tercer lugar, Martín de Murúa escribía que Tupac conquistó dos islas y que “de allí truxo, para obstentación de su triumpho, vna gente como negros y grandíssima cantidad de oro y una silla de latón. Truxo cueros de caballo y cabesas y huesos, todo para mostrallo acá”.

Tenemos entonces tres cronistas aislados los unos de los otros, que al mismo tiempo recogen en distintos lugares historias que dicen exactamente lo mismo. En este punto, podríamos empezar a pensar que deja de ser una coincidencia.

Esto mismo pensó el historiador José Antonio del Busto al escribir un libro entero al respecto, titulado “Tupac Yupanqui: Descubridor de Oceanía”. Su obra es central para hablar de los viajes incas, ya que es una de las pocas personas que trabajó el tema en profundidad. Busto no tenía dudas de que Yupanqui había llegado hasta Oceanía, comandando una flota de cientos de barcos y más de 20.000 soldados.

Un dato interesante para agregar es que los mismos cronistas españoles escucharon de los andinos historias de fabulosas islas repletas de tesoros, y a tal punto las creyeron que se decidieron a seguir la misma ruta que Yupanqui en busca de tal paraíso. Así fue como Gamboa se embarcó en 1567 dispuesto a atravesar el Pacífico, siendo el primer europeo en avistar las islas Salomón y Vanuatu.

Inca Tupac Yupanqui
[El décimo Inca, “Topa Yupanqui” según Guamán Poma de Ayala]

La travesía de Tupac Yupanqui

Hasta ahora hemos visto cómo fue que nos enteramos de que este viaje siquiera existió, pero falta todavía mucha evidencia. Aun suponiendo que la travesía haya ocurrido, hay muchas teorías distintas respecto a qué islas habría visto el Inca y bautizado como Auachumbi y Niñanchumbi. Vamos a ordenarlas en función de su épica.

La primer tesis, y quizás la más conservadora, postula que Yupanqui efectivamente zarpó comandando una flota de balsas, pero que no habría llegado a ninguna isla, sino realizado una curva hasta desembarcar otra vez en la costa continental, pero más al norte. Esta hipótesis es a menudo combinada con una segunda propuesta, que estima que los incas habrían llegado a las Islas Lobos, unas pequeñas formaciones rocosas a tan solo 20km de la costa peruana.

Estas ideas fueron bastante descartadas, porque no explicarían ni los tesoros traídos por Tupac Yupanqui ni la cuestión de los nombres: Niñanchumbi es traducible como “isla de fuego” o “isla con fuego”. Es deducible entonces que el Inca debería haber llegado a una isla de formación volcánica.

Dentro de los posibles destinos, se han propuesto también las Islas Galápagos, a unos 1000km de lo que hoy es la costa de Ecuador. Varios autores, de entre los que destaca Riva Agüero, aseguran que estas islas serían un destino más probable, y definitivamente más convincente en cuanto a los tiempos de viaje (recordemos que las crónicas señalan una duración de nueve meses a un año). Sin embargo, el problema del botín permanece aquí sin resolver: las Galápagos estaban deshabitadas: no había “hombres negros” ni muchísimo menos caballos.

Cabe aclarar que ha habido supuestos descubrimientos de cerámicas Incas en excavaciones en Galápagos, aunque han sido bastante criticados por la comunidad académica, que en líneas generales se inclina por considerarlos falsos. Sumado a esto, todos los naturalistas y botánicos europeos que pisaron estas islas el siglo siguiente (incluido Charles Darwin) afirmaron con certeza que era imposible que el humano haya llegado antes, dado el comportamiento de la fauna local.


En cualquier caso, las tres tesis dejan inconclusa la cuestión de los tesoros traídos por Yupanqui. Nos vamos a adentrar ahora en la parte más increíble de esta historia, recorriendo las tesis más arriesgadas y a la vez más coherentes. Redoblaremos entonces el cuidado para no pisar en falso y caer en el redundante terreno de la completa incoherencia.

¿Incas en Oceanía?

En 1924 el destacado lingüista Paul Rivet descubrió un hecho clave para el tema que nos ocupa. Durante una instancia de investigación en Mangareva (una diminuta y hermosísima isla de lo que hoy es la Polinesia Francesa), Rivet documentó una antigua leyenda de los pobladores nativos que hablaba de un “Jefe Rojo llamado Tupa” que llegó en “balsas raras” desde el Este. Al día de hoy, el principal acceso a la isla se sigue llamando “Estrecho de Tupa”. Los nativos tenían incluso una danza ritual específicamente para honrar a tal visitante.

Fascinado por el descubrimiento, Rivet continuó su búsqueda en las islas cercanas, encontrándose con una leyenda similar en Timoe, donde los nativos hablaban de un “Jefe T’upa”. Cabe destacar que ninguno de los dos pueblos se comunicó jamás con el otro.

Las investigaciones de Rivet lo llevaron a concluir que Tupac Yupanqui debía haber llegado por lo menos hasta tales latitudes, siendo Mangreva y Timoe las famosas Auachumbi y Niñanchumbi. La descripción lingüística coincidía: podía ser leída como “isla de fuego”, los tiempos de viaje eran coherentes (un año ida y vuelta), y los famosos “hombres negros” podían ser individuos de las tribus melanesias de Oceanía. Queda por resolver la cuestión de la “silla de latón” y las “cabezas de caballo”. Aquí las propuestas se dividen, aunque vale destacar que la más coherente señala que es imposible que se trate de una verdadera quijada de caballo, por lo que cabe la posibilidad de que en realidad haya sido de lobo o león marino, malinterpretada por los cronistas hispanos.

En cualquier caso, la hipótesis de la llegada a Oceanía (sostenida por Bustos y Rivet, entre otros) se hizo bastante conocida, al menos dentro del pequeño mundillo de las ciencias sociales. A partir de entonces comenzó el debate respecto a la posibilidad de un viaje transpacífico. Una primera pregunta es inminente: ¿Con que balsas podrían realizar semejante travesía?

balsa Inca

La flota

En efecto, los pueblos costeros del antiguo Tahuantinsuyu tenían un importante manejo de la construcción de embarcaciones. El mismo Humboldt, cuando transitó la zona siglos después, describió con sorpresa el ingenio de las pequeñas balsas peruanas.

El diseño de estas embarcaciones las volvía sumamente estables, al punto en el que era prácticamente imposible que se den vuelta. El uso de la madera de caña, que resistía varios meses sin absorber agua, contribuye a pensar que un viaje transpacífico sería posible a bordo de las embarcaciones de los pueblos costeros.

balsa Inca
(uno de los posibles diseños de las balsas)

Como no tenemos registro histórico que dé cuenta de la forma y tamaño de las balsas, el debate estuvo durante décadas centrado en las especificidades técnicas de la flota: ¿Velas cuadrangulares o triangulares? ¿Doce navegantes o veinte? ¿Soportarían las balsas de caña los fuertes oleajes del Pacífico? Y sobre todo, una duda central que quedaba sin resolver… ¿Cómo harían para cargar suficiente agua potable en barcas tan pequeñas?

Cada pregunta llevaba a más preguntas, hasta que el explorador noruego Thor Heyerdahl se decidió a demostrar la factibilidad del viaje de una manera bastante brutal: construyó una balsa con los materiales y técnicas de los pueblos andinos, y se embarcó a atravesar el pacífico en 1947. La expedición se llamó Kon-Tiki (uno de los nombres de Viracocha), y logró llegar desde Perú hasta la polinesia sin problemas.

Más allá de que sería divertidísimo que todas las disputas historiográficas se resolvieran al modo de Heyerdahl, su viaje no es exactamente prueba de que el de Yupanqui haya existido. El noruego contaba con radio, cuchillos, conocimiento de las corrientes marinas, marineros expertos, y sobre todo… sabía que había tierra del otro lado del mar. Lo que sí demuestra es que hubiera sido factible cargar agua potable en las balsas Incas, y ese es el punto más importante de su comprobación. No obstante, Heyerdahl es conocido bajo diversos rótulos: explorador, arqueólogo, marinero, mentiroso, exagerado… y quizás fuera todas las anteriores (1).

La tesis Rapa Nui

Ahu Moái
(Un Ahu con Moáis)

La isla de Rapa Nui se encuentra prácticamente en el medio del Pacífico, a casi 3300km de la costa americana. A diferencia de Mangareva (que se encuentra todavía más lejos), sus habitantes no guardan registro ni leyenda alguna que hable de una llegada de “Tupa” ni nada por el estilo.

Sin embargo, el historiador Juan Antonio del Busto menciona que investigando para su libro encontró una leyenda rapanuí que habla de Mahuna-te Ra’á, traducible como “hijo del sol” (2). En cualquier caso esto dista mucho de ser evidencia o prueba de un viaje. La particular Historia de Rapa Nui nos da algunas claves para entender la importantísima pérdida de memoria y tradiciones en manos del esclavismo.

Pero, para sorpresa de muchos, encontramos en Rapa Nui algo todavía más poderoso y enigmático: el sitio arqueológico Vinapú.

(muro de vinapú)

Se trata de varios ahu (grandes plataformas de piedra donde se colocaban los moáis) que no se parecen para nada al resto de los construidos en la isla, pero que sí guardan inmensas similitudes con el típico modo incaico de construcción de muros. En este punto son cruciales las investigaciones del arqueólogo francés Jean Hervé Daude, quién en su libro Île de Pâques – L’empreinte des Incas expone sus descubrimientos respecto a las similitudes entre Vinapú y distintas construcciones incaicas.

(Imagen recuperada del libro de Jean Hervé Daude, Île de Pâques – L’empreinte des Incas. Todos los créditos corresponden al autor).

Observemos por un momento la imagen de arriba, en la que el autor compara el muro de Ahu Vinapú con el sitio arqueológico Chullpa en Perú. La arquitectura es prácticamente idéntica, y ambas construcciones datan del mismo período.

VInapú

Sumado a esto, Jean Hervé Daude afirma haber encontrado un pequeño acueducto cerca de Vinapú, señalando que es completamente distinto a cualquier otra obra de Rapa Nui, pero que guarda inmensas similitudes con el conocidísimo manejo incaico de la arquitectura hídrica (2).

Los aportes de Daude son sumamente importantes para sostener la tesis de la llegada de Yupanqui a Rapa Nui. Si bien no fue él el descubridor del sitio Vinapú, sí lo estudió en profundidad poniendo a disposición conocimiento nuevo al respecto.

Es importante mencionar que estos temas no se encuentran en un lugar lejano, ni son de ningún modo un asunto cerrado: las investigaciones de Daude respecto al acueducto se publicaron en 2019, y al día de hoy la cuestión sigue siendo debatida. Vinapú, y los viajes de Yupanqui en general, nos recuerdan que la Historia no reposa plácidamente en ninguna enciclopedia, sino que está en permanente escritura y desarrollo, señalándonos que no lo sabemos todo.

(Distancia ilustrativa entre Perú, Mangareva y Rapa Nui)

Palabras finales: ¿Hubo viaje o no hubo viaje?

Saltando por diversos autores como quien tira de pequeños hilos, vimos entonces que son varias las evidencias que sugieren que el viaje es un hecho histórico. Repasando, contamos con los siguientes indicios:

  • Tres menciones distintas y aisladas de cronistas españoles
  • La mención a “gente negra” (presuntamente melanesios)
  • Registro de cerámicas en Galápagos, aunque siempre tomando en cuenta que la veracidad de los objetos ha sido puesta en duda por la mayor parte de los especialistas en el tema.
  • Distintas investigaciones respecto a la viabilidad de las balsas y la flota (incluyendo la delirante expedición de Heyerdahl)
  • Los nombres propios para las islas: Auachumbi y Niñanchumbi
  • Varias leyendas que hablan de un “jefe Topa” en lugares como Mangareva y Timoe.
  • Un mínimo, cuestionable, pero aun así existente registro de que en Rapa Nui se menciona al “Hijo del Sol”
  • El sitio arqueológico Vinapú, con sus muros prácticamente idénticos a la arquitectura andina
  • Los acueductos próximos a dichos muros.

Existe además un tipo distinto de evidencia: los estudios genéticos que prueban la existencia de ADN polinesio en los andes y viceversa. El tema es sumamente complejo, por lo que en este caso hemos decidido dejarlo de lado para centrarnos en las fuentes históricas, lingüísticas y arqueológicas.

Por supuesto, la cuestión genética puede proveer indicios cruciales para determinar la factibilidad no solo de este viaje sino de muchos otros que unieron nuestro continente con la lejana Oceanía. Dejaremos ese asunto para un futuro artículo, en el que trataremos las diversas tesis de contactos genéticos que develan cuestiones de lo más inesperadas.

En cualquier caso, queda expuesta la cuestión de la travesía de Tupac Yupanqui. Remarcamos enfáticamente el modo en el cual este tipo de historias atentan contra un doble sentido común: el que nos indica que la navegación es monopolio de determinados pueblos, y el que nos sitúa el Atlántico en el centro de nuestro mapa.

Invitamos entonces a pensar la Historia también en estos escenarios, con otros nombres y en distintas cartografías, recordando que siempre quedan cosas por resolver.

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Notas:

  • (1): Heyerdahl fue acusado varias veces de “plantar” objetos falsos en sitios arqueológicos para probar su punto. Una de las polémicas fue alrededor de la cuestión de la cerámica Inca en Galápagos.
  • (2) Así lo menciona Bustos en una entrevista disponible en: https://youtu.be/noFVfpuOs5g
  • (3) Estas excavaciones son contadas con todo detalle en “Île de Pâques: Découverte d’une ancienne canalisation d’eau douce comprenant” (2019). Esta, y muchas otras investigaciones al respecto, están disponibles en: http://rapanui-research.com/.

Bibliografía:

  • Buse de la Guerra. H. (1973). “La expedición de Tupac Inca Yupanqui”, en Historia Marítima del Perú. Época Prehistórica. Tomo II, Lima: Inst. de est. Histórico Marítimos de Perú, pp. 859-928
  • Daude, J. H. (2016). Île de Pâques – L’empreinte des Incas, les monuments. Recuperado de http://rapanui-research.com/.
  • Daude, J. H. (2019). Île de PâquesDécouverte d’une ancienne canalisation d’eau douce comprenant : deuxbarrages, un canal d’acheminement (…). Recuperado de: http://rapanui-research.com/.
  • Daude, J. H. y Vanackeren, G. (2018). L’expédition de l’Inca Tupac Yupanqui en Océanie y The inca oral tradition.[Archivo de video] Recuperado de https://youtu.be/qADVUIKT5bg
  • Del Busto Duthuburu, J. A. (2006). Entrevista parte I [archivo de video]. Recuperado de https://youtu.be/noFVfpuOs5g
  • Del Busto Duthurburu, J. A. (1996). Tupac Yupanqui: descubridor de Oceanía. Lima: Editorial Brasa, pp. 5-128.
  • Heyerdahl, T. (1950). Kon-Tiki Expedition. [Archivo de video]. Recuperado de https://youtu.be/XQZzaF8aHOo
  • Pérez Lugones, L. (2016). “La hipótesis transpacífica: América y Polinesia, dos espacios encontrados”, en Hoces García, A. y Moral García, C. (coord.) El Mar: una forma de vida en América, Madrid: Historia y cultura del Mar, pp. 335-374
  • Vincent, R. L. (1998). “Rapa Nui Rocks: Impressions from a brief visit”, en Rapa Nui Journal, vol. 12 (3), pp. 69-74
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3 Comments on “¿Viajaron los Incas por Oceanía?”

    1. Gracias por el comentario! Para usarlo como material de estudio, pueden leerlo directamente de la página, o escribirnos a coordinación@revistaneraizada.com y les enviamos una versión en PDF. Saludos.

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