Los viajes de Zheng He (鄭和)

(Imagen: China ‘s Great Armada, óleo contemporáneo del pintor chino Zhang Hongnian. Fuente)

por Martín Bericat

Zheng He (鄭和) fue un navegante y comandante chino famoso por sus sorprendentes viajes a principios del siglo XV. Nacido campesino en una región montañosa del sur de China, terminó comandando la flota más grande conocida hasta el momento, recorriendo los mares y cartografiando el sudeste asiático, India, el mundo árabe, Oceanía, y buena parte de África. Existen incluso teorías que afirman que habría llegado a conocer las costas del continente americano 70 años antes de que figurara en los mapas europeos. ¿Qué de todo esto es verdad?

La historia china es una gran deuda pendiente desde este lado del mundo. Por eso en este artículo proponemos una pequeña ventana desde la cual observar un pedacito de sus cinco mil años de Historia continua. Para tener un poco de contexto, antes de pasar a los viajes de Zheng He haremos un brevísimo repaso del contexto histórico en el que sucedieron.

La China de los Ming

La dinastía Ming ascendió al poder en 1368 tras la caída de los Yuan: mongoles que invadieron y dominaron China por casi un siglo. La consolidación del poder de los Ming, por ende, implicó la restauración de un ciclo dinástico Han (etnia mayoritaria en China, hoy en día +90% de la población) opuesto a una dinastía invasora.

Esto no significó, de ningún modo, que la oposición a los Yuan estuviera centralizada en un único candidato. Por el contrario, tras la caída de los mongoles diversas facciones chinas entraron en guerra por el nuevo gobierno.

Tras varios años de guerra civil, el líder militar Zhu Yuanzhang (朱元璋) derrotó a sus oponentes, autoproclamándose emperador en 1368 y cambiando su nombre a Hungwu (洪武). Este fue, a grandes rasgos, el modo en el que los Ming consiguieron el trono.

(Retrato del emperador Hongwu)

El reinado de Hungwu estuvo signado por la inestabilidad propia del cambio dinástico: revueltas campesinas, plagas, hambruna, y desmembramiento de la unidad territorial. Sin embargo, en poco tiempo logró estabilizar el poder político devolviendo a los mandarines (funcionarios imperiales) sus antiguos puestos pre-invasión mongola.

Marcado por un confucianismo férreo, Hungwu no veía problemas en usar la fuerza militar y la represión para asegurar la estabilidad de la dinastía. En sus primeros años de gobierno, reestructuró el sistema militar consolidando un ejército estable con más de un millón de soldados activos: un número increíble para la época.

Muchas de las obras que hoy conocemos como características de China datan también de este gobierno: Hungwu retomó, por ejemplo, la construcción de la Gran Muralla y del Gran Canal. Además de estas monumentales obras, llevó adelante una profunda reforma legal, religiosa, y administrativa. Prácticamente ningún aspecto de la vida política china quedó afuera del cambio.

Dado que venía de una guerra civil brutal, resultaba crucial la cuestión de la consolidación del territorio y control político. Hungwu derrotó numerosas rebeliones, expulsó a los ejércitos mongoles, construyó caminos, consolidó las fronteras, envió misiones al Tíbet, y anexó por la fuerza la región de Yunnan (雲南), que hasta 1381 seguía siendo fiel a la dinastía mongola.

Zheng He y los eunucos

En este punto entra en la historia la figura de Zheng He, quien nació en 1371 con el nombre de Ma He (馬 和) en una pequeña aldea de Yunnan. El pequeño Ma He formaba parte de la etnia Hui, quienes hablaban el chino como lengua materna y practicaban el Islam. Aquí aparecen dos cuestiones fundamentales que marcarían el devenir de Zheng He: era musulmán, y parte de una minoría étnica dentro de China.

Cuando los ejércitos Ming, en el marco de la consolidación del poder que vimos antes, llegaron a las aldeas en las montañas de Yunnan, muchos jóvenes fueron apresados y enviados a la capital para servir a distintos funcionarios. Este fue el caso de Ma He: fue castrado, se le cambió el nombre, y se lo envió a servir como eunuco al servicio de uno de los hijos del emperador.

Detengámonos un minuto en la cuestión de los eunucos.

Se trata de una práctica muy antigua en China, que consistía en castrar a los hombres que servían en el ámbito real para garantizar la pureza de la familia gobernante. Con el tiempo, los eunucos se consolidaron como actores políticos de gran relevancia en los palacios. Hubo incluso casos en los cuales los eunucos ejercieron de facto el poder real, sobre todo cuando el emperador de turno era menor de edad. Sin embargo, bajo el reinado de Hongwu, se le dio poco o ningún margen de acción a los eunucos: buscaba centralizar el poder en su persona.

En ese contexto, un joven Zheng He es enviado como eunuco al hijo mayor del emperador: Zhu Di (朱棣). Puede parecer un dato menor (y quizás se confundan al principio los muchos nombres en chino), pero esto es fundamental para entender cómo un hijo de campesinos pobres de una provincia periférica del Imperio llegó a comandar una de las mayores expediciones navales de la Historia de la humanidad.

(Imagen: Estatua en honor a Zheng He)

Una vez instalado en la capital, Zheng He recibió educación confuciana y siguió carrera militar. Poco tiempo después, sirvió a Zhu Di como oficial del ejército en las campañas contra los rebeldes mongoles en la década de 1390.

En esos años llegó a ganarse la confianza del hijo del emperador, demostrando ser un excelente líder militar, además de un hábil consejero. Todo esto sería crucial en los sucesos de 1399, cuando el ya anciano Hongwu nombró como heredero a su nieto, y no a su hijo. Esto lleva a Zhu Di a rebelarse contra el nuevo emperador, movilizando tropas y llevando a los Ming a la guerra civil.

En resumen, luego de tres largos años de enfrentamientos militares, Zhu Di se alza con la victoria y asciende al trono en 1402, cambiando su nombre a Emperador Yongle (永樂), tercer gobernante de la dinastía Ming. No se preocupen si ya se olvidaron todos los nombres propios mencionados: prometemos que se simplifica a partir de ahora.

La cuestión es que para entonces Zheng He había demostrado incontables veces su lealtad al ahora emperador, poniendo a los eunucos a su favor y dirigiendo la ofensiva militar contra la capital del imperio: Nankín. De este modo es que Zheng He llega a ser una de las figuras de mayor relevancia en el escenario político de la China de principios del siglo XV, a pesar de ser de origen campesino y musulmán. Su participación en la guerra civil de 1399-1402, como vimos, resultó crucial para ganarse la confianza de quien luego sería el emperador Yongle.

La Flota del Tesoro

Hecho un breve repaso por el panorama histórico de los Ming, entremos ahora en el tema que nos ocupa: los viajes ultramarinos.

Poco tiempo después de convertirse en emperador, Yongle encargó la construcción de nuevos e inmensos astilleros en distintos lugares de China, fundamentalmente en Fujian. En 1403 ordenó la construcción de 200 nuevos buques para misiones diplomáticas, agregando 300 más al año siguiente. Entre 1403 y 1407, más de 1600 barcos fueron construidos de cero o reformados para alta mar (1).

El número es escandaloso: solo a modo de referencia tomemos en cuenta que la Armada Invencible de Felipe II de España, incluso un siglo y medio después, contaba con menos de 200 barcos.

(Imagen: reconstrucción artística de la flota del tesoro saliendo del astillero de Nankín).

La política exterior de Yongle representa, sin duda, un viraje importante en relación a las medidas de sus antecesores. China (cuyo nombre en chino es Zhongguo – 中國, traducible como “reino del centro”) nunca tuvo demasiado interés en las grandes expediciones ni en el imperialismo. Antes bien, las dinastías chinas en general siguieron la filosofía confuciana, con una visión más bien paternalista de las relaciones exteriores: los reinos y culturas cercanas no eran tomados como iguales, sino más bien como hijos en situación de inferioridad que requerían la tutela cultural y política del reino-del-centro (2). En esta clave podemos leer su relación con Corea, Champa, Annam, Tibet, Siam, etc.

La hegemonía del pensamiento confuciano incluía el desinterés por la invasión militar e imperialismo en zonas lejanas: las misiones tenían más que ver con la estrategia, la obtención de tributos, y la muestra de superioridad política y moral (2). Las flotas del tesoro chinas no tenían ningún interés en someter o destruir a los otros por medio de la violencia física, sino prevalecer en un plano moral y simbólico.

En esta clave es que podemos entender la megalómana desproporción de tamaño entre la flota china y sus contrapartes, no solo en cantidad sino en tamaño de los barcos. En efecto, los barcos del tesoro, líderes de la flota, eran escandalosamente grandes para la época: 137 metros de largo y 55 de ancho.

(Imagen: reconstrucción científica del tamaño de una de las expediciones de Zheng He (Lin 2005: 23)

Cabe aclarar que hay debate entre académicos respecto al tamaño real de estos buques, pero incluso los cálculos más conservadores hablan de entre 70 y 100 metros de largo. Independientemente de la polémica, hay un consenso general en tomar los barcos del tesoro no solo como los más grandes de la época, sino como las embarcaciones de madera más grandes jamás construidas por la humanidad.

(Imagen ilustrativa que compara el tamaño de un barco del tesoro con una carabela española. Tómese en cuenta que los números representan pies, no metros).

En resumen, la flota del tesoro china era inmensa bajo cualquier parámetro, pero esto no quiere decir que los buques hayan sido construidos de ese modo por cuestiones militares (de hecho, sería incluso poco conveniente dada su baja maniobrabilidad). Antes bien, el objetivo de la flota era diplomático, cultural, y simbólico. China debía dejar en claro su supremacía en cada puerto que tocara, arribando con más de 300 buques de los cuales muchos eran estas inmensas moles de madera. Diseños similares se venían usando ya en China con propósitos diplomáticos, navegando las tranquilas aguas del río Yangtze, transportando burócratas y nobles en diversas tareas.

Así fue que entre 1405 y 1433, la flota de Zheng He realizó siete expediciones por el mundo. La primera de ellas zarpó del puerto de Nankín con más de 300 barcos y 15.000 tripulantes, costeando el sudeste asiático y tocando puerto en lo que hoy es Vietnam. Desde allí, navegaron hasta Sumatra, Malasia, Sri Lanka y Calcuta (hoy India). En cada uno de esos lugares, cartógrafos y escribas chinos registraban lo que veían y oían, además de intercambiar enormes volúmenes de mercancía para llevar de vuelta a la capital Ming.

Cada uno de los primeros cinco viajes duró alrededor de dos años, aventurandose cada vez más hacia el oeste, hasta llegar al golfo de Persia, la península arábiga, y el este de África hasta el corredor swahili de Somalia.

(Mapa que ilustra las trayectorias aproximadas de los primeros cinco viajes de la flota del tesoro.)

Recordemos un detalle: Zheng He era musulmán. A pesar de haber demostrado en múltiples ocasiones su habilidad y buena predisposición a aceptar e incluso participar en rituales budistas y taoístas, nunca dejó de lado su práctica del Islam. Esto lo convertía en el emisario ideal para entablar relaciones con el mundo árabe y del oriente africano.

El fin de los viajes

Además de retornar a China con cada vez más conocimiento e información respecto al resto del mundo, la Flota del Tesoro llevaba también riquezas: regalos, animales “exóticos” para la colección del emperador, tributos, especias, metálico, etc. La famosa Torre de porcelana de Nankín fue supuestamente construida gracias a los ingresos provenientes del tercer viaje de Zheng He.

(Imagen: Ilustración de la Torre de Porcelana, un edificio sorprendente que medía casi 80 metros y llegó a ser mencionado por los contemporáneos como una de las maravillas del mundo).

Sin embargo, y a pesar de las muchas ventajas de las inmensas expediciones de Zheng He, la política china respecto a ellas cambió rápidamente en la década de 1420. No hay un único motivo por el cual los Ming hayan decidido suspender los viajes de la Flota del Tesoro, sino más bien una sumatoria de cuestiones que derivaron en un desinterés por la exploración.

Una de estas cuestiones, sin duda, fue la muerte del emperador Yongle en 1424, sucedido por Hongxi (明仁宗). A diferencia de Yongle, el nuevo emperador se mostró abiertamente en contra de darles margen de acción política a los eunucos. Desde el primer día como emperador, ordenó a la Flota del Tesoro retornar a Nankín y suspender las expediciones al Este. Zheng He fue retirado de su posición como comandante, y se le dio como encargo la supervisión de la construcción de la Torre de Porcelana.

Sin embargo, los viajes no terminarían allí.

Hongxi falleció luego de gobernar menos de dos años, y fue sucedido por su hijo mayor en 1425, quien al coronarse adoptó el nombre de Emperador Xuande (宣德). Este decidió retomar la política de su abuelo en cuanto a las relaciones exteriores, mostrándose interesado en revitalizar el comercio marítimo y la diplomacia con los reinos lejanos. Por eso, en 1430 autorizó a Zheng He a realizar un séptimo viaje hacia la India, Persia, y África llegando incluso un poco más lejos que en los seis anteriores.

Más allá de los detalles, lo importante a tomar en cuenta es que la posibilidad de realizar estos inmensos viajes ultramarinos estaba totalmente ligada a la voluntad del gobernante. Zheng He sirvió a cuatro emperadores distintos, y cada uno de ellos mostró distintos grados de interés por la exploración. Como es común, toda la expedición estaba en manos de los vaivenes políticos del momento.

Finalmente, Zheng He falleció por enfermedad arriba de uno de los barcos del tesoro, circunnavegando la zona del Cabo de Buena Esperanza, actual Sudáfrica.

(supuesto mapa chino, cuya veracidad ha sido fuertemente puesta en duda)

¿Chinos en el continente americano?

Hasta acá repasamos la parte histórica, comprobada y bastante poco debatida. Metámonos ahora de lleno en la parte polémica del tema que nos ocupa.

En el año 2002, el ex comandante de submarinos británico Gavin Menzies publicó un libro titulado “1421: El año que China descubrió el mundo”, sosteniendo la teoría de que la flota de Zheng He habría navegado mucho más allá de lo que la historiografía considera verdadero. Entre otras cosas, asegura que los barcos del tesoro habrían llegado a Australia, circunnavegando África, atravesado el Océano Atlántico, cartografiado el continente americano en ambas costas, fundando colonias en territorio azteca, recorrido todas las costas de Groenlandia llegando al polo norte, cartografiado la Antártida, y dado la primer vuelta completa al mundo.

Sí, todo eso.

La propuesta de Menzies es interesante en la medida en la que abre la imaginación a pensar más allá de lo estrictamente comprobable. Lógicamente, una postura tan irreverente generó curiosidad al instante.

(Propuesta de Menzies)

El problema es que el libro de Menzies es un catálogo de problemas historiográficos, licencias poéticas, falsificación de fuentes, e incluso incoherencias lógicas. Sin embargo, su propuesta ha tenido una enorme recepción en el mundo editorial (vendió más de un millón y medio de copias del libro), por lo que amerita detenerse un minuto a analizar algunos de sus puntos clave.

1421: el año que los chinos descubrieron el mundo” es un excelente libro en cuanto a la fácil lectura y utilidad para captar el interés. A fin de cuentas, logró que más de un millón y medio de personas en occidente compraran un libro sobre historia de China, lo cual no es poca cosa.

El problema es que carece por completo de cualquier valor histórico o científico: cientos de artículos de especialistas en el tema, tanto dentro como fuera de China, se han publicado en la última década refutando completamente su tesis. A priori, es importante señalar que Menzies no tenía ninguna formación como historiador, arqueólogo, o científico social de ningún tipo; como dijimos, era un ex comandante de submarinos.

Por ende, muchas de sus suposiciones están basadas en su amplia y muy completa experiencia y conocimiento de las corrientes marinas, pero no en una investigación rigurosa de fuentes históricas o mapas. Existen incluso sitios web creados por historiadores específicamente para recopilar evidencia en contra de Menzies.

La redacción de Menzies es engañosa; presenta “evidencia incontestable” sin ofrecer fuentes en todos los casos, mencionando descubrimientos (como naufragios de buques del tesoro en Australia y América) que nunca fueron publicados en ningún portal o revista, o que directamente fue comprobado que eran restos de barcos franceses (p.189). Por otro lado, toma como fuentes mapas que ya hace años se habían demostrado falsos, como el “mapa de Vinland” (p.32) o el “mapa de Menzies – Zheng He”, dejando agujeros argumentativos por todos lados.

A todo esto, un detalle: ninguna fuente, documento o registro chino menciona los viajes que Menzies presupone. Al enfrentarse a esta completa ausencia de evidencia (llamativa, además, en el contexto de los Ming; un Imperio ampliamente burocrático que llevaba registros bastante minuciosos), el autor afirma que se debe a que todos los registros imperiales de tales viajes fueron destruidos.

Gavin menciona en numerosos párrafos que sus suposiciones no vienen de fuentes, sino de comentarios que usuarios anónimos hacían en su blog. Quien alguna vez haya entrado a cualquier foro de comentarios, sabe que no todo lo que por allí circula puede ser tomado como la verdad absoluta. Sin embargo, así sucede en el libro: llega incluso a mencionar que los navajo hablan el chino mandarín, citando como fuente un comentarista de su sitio web (p.502). Otro caso interesante es cuando, pocas páginas más adelante, menciona que Cristóbal Colón encontró “chinos en América”, citando como única fuente la frase “Columbus (Secret Report)” (p. 504).

Robert Finley resume de modo elegante la situación de este libro en el campo académico: “El Leviatán herido que es el eurocentrismo sin duda merece otro arponazo, pero 1421 es demasiado débil para dispararlo” (3).

Quizás no seamos quiénes para criticar un best-seller mundial, ni pretendemos con este artículo saldar ninguna cuestión. Más bien todo lo contrario: ¡problematizamos la historia y cuestionemos las lecturas!. Especialmente las que tratan de temas sobre los cuales no se sabe mucho.

Palabras finales

Hemos de rever nuestra Historia Universal y animarnos a leer más allá de las fronteras de lo que se nos ha vendido como el viejo continente. Sin embargo, no por eso debemos dejar de estar atentos a revisar con cuidado la bibliografía que se nos ofrece: la obra de Menzies es el equivalente historiográfico a poner un historiador a comandar un submarino.

Esto no quiere decir que los viajes de Zheng He no hayan sido profundamente relevantes tanto para la Historia china como del mundo, ni que conozcamos a ciencia cierta la totalidad de sus destinos. Zheng He comandó la flota más espectacular que se haya registrado hasta el momento, viajando miles de kilómetros y conociendo tierras que hasta entonces sólo se conocían por el nombre.

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Te puede interesar:

Notas:

  • (1) Ver “When China ruled the seas”, pag. 73
  • (2) Ver “Chinese Whispers: Zheng He’s Treasure Ships in the context of ChineseMaritime Policy in the Ming Dynasty”, pag. 53
  • (3) Ver “How Not to “(re)write world History: Gavin Menzies and the Chinese Discovery of America”, pag. 232.
  • (4) Ver “The “Liu/Menzies” World Map: A Critique”.

Bibliografía:

  • Levathes, L. (1994) When China ruled the seas: the Treasure Fleet of the Dragon throne 1405-1433. Nueva York, Simon & Schuster.
  • Finlay, R. (2004). “How not to (re) write world History: Gavin Menzies and the Chinese discovery of America”, en Journal of World History, Vol. 15 (2): pp. 229-242
  • Finlay, R. (2008). “The voyages of Zheng He: Ideology, State power, and Maritime trade in Ming China”, en The Journal of The Historical Society, Vol VIII (3), pp. 327-347.
  • Wade, G. (2007). “The ‘Liu/Menzies’ World Map: a Critique”, en e-Perimetron, Vol 2 (4), pp. 273-280.
  • Menzies, G. (2003). “1421: the year China discovered the World”, London: The Random House Group.
  • Ward, S. (2006). Chinese Whispers: Zheng He’s Treasure Ships in the context of Chinese maritime policy in the Ming Dynasty. Tesis de maestría para MA Maritime Archaeology, University of Southampton.
  • Dussel, E. (2004). “La China (1421-1800). Razones para cuestionar el Eurocentrismo”, en Archipiélago Vol. 11 (44) pp. 1-29
  • Lee, S. L (2017). “Chinese mapped America Before 1430”, en International Cartographic Association, Vol. 1 pp. 1-7
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3 Comments on “Los viajes de Zheng He (鄭和)”

  1. Siempre artículos interesantes! Justo ayer vi la peli Siete años en el Tíbet y me quedé con ganas de aprender más sobre la historia de China. Gracias!

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